16 de febrero de 2013

VUELVE PRONTO


El trayecto en el avión se había hecho más pesado que de costumbre. Tres horas encerrado en un cilindro presurizado, a once kilómetros de altura, con el espacio mínimo para encajar las piernas y acomodarse a duras penas en un asiento "talla infantil", que permitía una movilidad similar a la que te proporciona una camisa de fuerza; sobre todo cuando, como en su caso, el pasajero tenía una estatura considerable. Al menos había podido dormitar un rato, vencido por el cansancio y arrullado por el constante rugir de los motores de la aeronave. La noche anterior había sido especialmente intensa y el sueño acabó por vencer su resistencia, sumergiéndolo en una neblina de recuerdos, de entre los que destacaba uno en especial.

Ella era una mujer atractiva, enamorada de su trabajo y adicta a esos pequeños placeres destinados al entretenimiento que la vida te ofrece; la música, el cine y la lectura ocupaban gran parte de su tiempo de ocio, por otra parte bastante escaso. Fue precisamente en una librería en donde conoció a aquel hombre, entre novedades literarias, libros de relatos y grandes clásicos. Ambos escrutaban la misma sección de libros, a la busca y captura de esa novela por la que llevaban tanto tiempo esperando, cuando sus cabezas inclinadas para leer los títulos verticales casi colisionaron, concentradas como estaban en su labor de investigación. A partir de ahí, de ese encuentro tan fortuito como oportuno, se entabló una conversación que continuó en una cafetería adyacente, donde entre sonrisas y varios cafés se pusieron sobre la mesa temas comunes, anécdotas y alguna que otra mirada que delataba la posibilidad de extender ese rato tan agradable compartiendo un almuerzo o una cena. Esta segunda opción tenía más posibilidades de éxito y ambos decidieron darse una segunda oportunidad, bajo el influjo de un par de copas de vino y con la complicidad de la noche como testigo.

Seguía saboreando todavía su piel y emborrachándose de ese olor floral tan característico de su perfume, mientras de fondo escuchaba un murmullo lejano, en forma de retahíla de datos sobre altitud, velocidad y hora de llegada: la voz distorsionada del piloto a través del micrófono lo había despertado del superficial sopor que mantenía desde hacía media hora. Tenía una contractura en el cuello y una de las partes metálicas del asiento delantero se le había clavado en la rodilla, pero la sensación con la que volvió a la realidad del vuelo era bastante agradable: durante el sueño había revivido de nuevo la noche anterior, desde la cena con ella en el restaurante hasta el último beso, sosteniendo la puerta del ascensor de su casa para prolongar un par de segundos más ese maravilloso encuentro. Intentó cerrar de nuevo los ojos para volver atrás unas horas, tratando de perderse de nuevo entre las sábanas para derrochar caricias entre gemidos entrecortados, pero un oportuno codazo del pasajero que viajaba a su lado supuso la conclusión definitiva de su imaginaria aventura. Todavía quedaba al menos una hora para aterrizar y trató de consumirla escuchando un poco de música.

El avión había llegado a su destino y él accedió a la sala de equipajes dispuesto a esperar un buen rato hasta la aparición de su maleta. Un zumbido en el bolsillo del pantalón le recordó que su teléfono móvil ya se encontraba operativo tras el obligado “silencio” aéreo. Un mensaje aceleró su corazón a medida que leía las palabras que lo componían: “Llevo toda la mañana recordando tus labios; he pasado una noche tan intensa y especial contigo como no recuerdo otra en toda mi vida. Has dejado cicatrices de placer por todo mi cuerpo y no veo el momento de que regreses de ese viaje tan inoportuno, para volver a experimentar la sensación de estar perdida en medio de un paraíso que solamente tú y yo compartimos. Espero tu llamada…”

Recogió la maleta y caminó exultante hacia la salida, con una sonrisa permanente en su rostro y una imagen esculpida a base de recuerdos inolvidables en su mente. Era la de aquella mujer, susurrando a su oído palabras incandescentes mientras lo abrazaba con todas sus fuerzas, aprisionando su voluntad hasta el último suspiro. Y mientras respondía a su mensaje poniendo el alma en cada letra, consideró muy oportuno adelantar su billete de vuelta. Al fin y al cabo, no podía resistir tantos días sin volver a sentirla cerca y en aquella ciudad ya no quedaba nada más que el vacío de su ausencia.

14 de febrero de 2013

"NÍTNELAV NAS" (SAN VALENTÍN AL REVÉS)


Fue en Febrero, pero no recuerdo bien el día porque he tratado de olvidar, aunque no lo consigo por completo. Es posible que por San Valentín… Puede ser, porque escogiste el momento más adecuado para mostrar tu sinceridad y tu falta de compasión,  poniendo fin a una historia que no tenía por qué haber acabado de esa manera. Lo único que recuerdo es que tu corazón se convirtió en piedra, destrozando el mío con su indiferencia y su frialdad y haciendo añicos, de paso, todo el simbolismo de ese día tan almibarado como comercial.

Sigo preguntándome qué te sucedió: qué o quién transformó esa dulzura, para amargar tu carácter y abandonar mi cariño, dejándolo a la intemperie sin el abrigo de tus besos. Cómo fuiste capaz de olvidar que estabas enamorado de alguien que siempre luchó por ti, cuánto tiempo transcurrió hasta que borraste mi sonrisa de tu corazón, dónde dejaste olvidado tu amor y tu deseo. No pudo haber sido tan repentino: no se vacía en un día el agua del mar...

Han pasado ya dos años y hoy vuelvo a estar en ese lugar en el que tus palabras arrancaron trozos de mi alma; esa calle en la que nos vimos por última vez. Este año también pasaré un 14 de Febrero nada convencional, seguro. Quedan las ruinas, permanece el poso de un episodio desagradable y lleno de misterio, que te llevó a escoger un camino por el que nunca tenías que haber pasado. Y sigo sin entender qué faltó, cuántos errores pude haber enmendado, cómo debí tratarte para no merecer al final la recompensa de tu desprecio. No vale la pena darle más vueltas al asunto: nunca lo sabré e intuyo que nunca me lo dirás.

No tengo tu móvil y desconozco en dónde te encuentras. Pero me quedaba tu dirección de correo electrónico, perdida en alguna página de la libreta de contactos. Por eso me he decidido a mandarte este e-mail, deseándote que disfrutes de este día: un San Valentín tan solitario, decepcionante e inútil como el que me has hecho pasar a mí desde que decidiste tirar por la borda nuestra vida en común.

Feliz día, "amorcito"

6 de febrero de 2013

RENCOR



Todos los días se repite la historia: nunca es lo adecuado, no es suficiente con el esfuerzo, nada que intente es de su agrado, “correcto” no existe en su vocabulario, todo supone un inconveniente y el principal culpable es siempre el mismo: o sea, yo. Reproches, caras largas, discusiones e insatisfacción: una mezcla explosiva que está consiguiendo que me desgaste por momentos, consumido por su rencor; un esperpento insaciable, que aniquila cada gramo de cariño y destroza la poca admiración que todavía siento por ella.
Buceo en la profundidad de mi memoria y no consigo recordar ninguna ocasión en la que se haya sentido orgullosa de mí. Ni siquiera tuvo la delicadeza de mostrar un ápice de felicidad cuando obtuve aquella beca tan importante. Y qué decir acerca de la publicación de mi libro: cualquiera se hubiera sentido orgulloso ante el premio que me concedieron a los pocos meses de su existencia. Excepto ella, siempre “del otro lado” con sus reticencias y sus desprecios. Así una y otra vez con tantos y tantos logros, metas alcanzadas y objetivos cumplidos. No soy digno de sus alabanzas ni merezco su aprobación…
Mentiría si le dijera que toda esta humillación no me ha afectado y no le doy importancia; al contrario, ha conseguido que desconfíe hasta de mi sombra, con el pesimismo oprimiendo mis movimientos y el peso de la falta de autoestima colgando de mi cabeza. Desconozco cuántas veces he intentado complacer sus exigencias, ofrecer lo mejor de mi carácter para aplacar su desazón, enfatizar mis aciertos a base de reparar los fallos… Pero nada es suficiente para doblegar su orgullo y mostrar una chispa de entusiasmo; el resentimiento ha echado raíces en su corazón, reafirmando el concepto negativo que posee sobre mí: una idea infame que día tras día se enquista en su interior, escondida entre más y más capas de rabia.
Ya no hay vuelta atrás: esta noche voy a escribir el último capítulo de nuestra vida en común. En cuanto se duerma, saldré por esa puerta rumbo a cualquier parte, sin dejar rastro de mi vida en esta casa. Una última visita a la cocina para dejar abierta la llave del gas y poder marcharme, con la convicción de que en algún momento encenderá un interruptor en medio de la noche. Un final “explosivo”, como ella se merece. Y es que su rencor me ha conquistado, lamiendo con su aversión las heridas que ella misma causó con el paso del tiempo. Es lo que tiene la convivencia: al final todo se acaba pegando… 

4 de febrero de 2013

¿TE ATREVES A SOÑAR?

Me ha gustado mucho este vídeo y el mensaje que transmite. Ojalá no perdamos esa capacidad para soñar que habita de manera original en todos nosotros...

Desde pequeños todos sabemos soñar. Dormidos y despiertos. Gracias a la potencia de nuestra imaginación creemos que somos capaces de cualquier cosa. Sin embargo, según crecemos perdemos esta maravillosa capacidad que luego tanta falta nos hace en la vida a la hora de ser creativos, de innovar, de cambiar nuestras vidas y de transformar nuestras empresas. Te invitamos a que te atrevas a soñar otra vez, a desafiar tu zona de confort, y a que disfrutes del placer de convertir tus sueños en realidad. ¿Te atreves a soñar?


27 de enero de 2013

"PEQUEÑO GRAN AMOR"

El sábado amaneció lluvioso y frío, con un color oscuro que tapizaba de manera sombría todas las habitaciones de la casa. Tras varios días intentando retrasar la inevitable tarea, Rafael decidió que el fin de semana era un buen momento para enfrentarse a la limpieza del trastero. Demasiadas cajas repletas de demasiados recuerdos en su interior, dispuestos a ser eliminados de manera definitiva. Quién sabe si entre todo aquel desorden y polvareda pudiera reaparecer algún tesoro que en su día tuvo su protagonismo, para después ser desterrado al cuarto oscuro del hogar y de la memoria. Una posibilidad remota pero factible, que facilitó no demorar más aquel cometido.
Álbumes de fotos, ropa, libros, revistas, juguetes, adornos y otros cachivaches dañados por el paso del tiempo se agolpaban en una estantería que ocupaba gran parte de la pared del fondo, conservando a duras penas la utilidad y la necesidad de la que un día se sintieron tan orgullosos. Ahora no eran más que objetos olvidados en la negrura de un sótano, con elevadas posibilidades de terminar en un contenedor de basura para desaparecer de manera definitiva de la vida de aquella casa. Por un momento, sintió el impulso de volver y dejarlo para otro día, pero ya había contemplado la anarquía que reinaba en ese lugar.
No se lo pensó dos veces; protegió sus manos con unos guantes y avanzó entre el caos, decidido a deshacerse de gran parte del contenido de aquel cuartucho. No había amontonado más que cuatro grandes cajas cuando vislumbró otra, más pequeña y de latón, que mostraba en su tapa un pequeño letrero ennegrecido por la suciedad y los años. En él se podía leer la palabra “MÚSICA” con grandes letras de color verde. Enseguida identificó aquella caja metálica, recordando que en su día fue el lugar en el que depositó varias cintas de cassette; esas reliquias musicales tan utilizadas en su adolescencia que, desplazadas por la irrupción de los discos compactos, nunca volverían a ser escuchadas. Ya no tenía sentido mantenerlas a mano, cuando ni siquiera los automóviles disponían de un reproductor adecuado para disfrutar de su música.
Limpió el polvo que cubría la caja y la destapó con mimo. Dentro, ordenadas de manera cuidadosa, figuraban las cintas con un nombre visible en cada una de sus cajitas de plástico negro. Repasó los títulos y sus ojos se posaron en una en concreto: “Verano 87” Una recopilación de varias canciones que, en aquel año, alguien se había dedicado a juntar. Revisó el contenido musical con gran curiosidad y descubrió que algunos títulos eran todavía conocidos, pero otros habían sido olvidados con el paso de los años y no evocaban ningún recuerdo en especial.
Un hallazgo de ese calibre no podía esperar; cerró la puerta del trastero con la caja bajo el brazo y subió impaciente a su domicilio acompañado de un presentimiento extraño. Recordó que guardaba un radio-casette perdido en algún armario de la casa, lo que le permitiría escuchar aquellas cintas que se habían quedado marginadas por el progreso. No tardó mucho en encontrar aquella herramienta del pasado, que dormitaba en el fondo de un cajón, tan inservible como arrinconada con el paso de los años. Para su alegría, comprobó que todavía funcionaba al enchufarlo a la red. Introdujo la cinta en su lugar correspondiente y apretó el botón de “PLAY” con fuerza. Tras unos segundos de silencio “sucio”, repleto de ruido de fondo, comenzó a sonar una canción que no figuraba en los títulos del papel. Al principio se escuchaba el mar, con olas suaves que poco a poco iban introduciendo la entrada de la música. En cuanto aparecieron las primeras notas, Rafael sintió un vacío en el estómago seguido de un flash de recuerdos y cientos de imágenes que se fundieron en su cerebro, pasando tan rápido una tras otra que incluso se hacía complicado escuchar la música. No importaba; se sabía la letra de memoria. Todos esos años había estado aletargada en alguna parte de su cabeza, esperando a ser escuchada de nuevo para despertar de entre la maraña de sonidos almacenados en su pasado. Y cuando esto ocurrió, experimentó una sensación muy agradable y llena de nostalgia.
Recordó esa canción sonando en su cabeza en un verano especial, tumbado en una playa con los ojos cerrados y el rostro de aquella chica grabado a fuego en su memoria, esperando ansioso a volver a verla tras unos días vertiginosos, en los que había descubierto lo que significaba el verdadero amor; ese monstruo maravilloso que te arrebata la voluntad y te obliga a alimentarlo con el recuerdo de la otra persona, hora tras hora, sin ninguna otra obligación que no sea vivir tu vida a cada minuto esperando a compartirla con alguien que te ha robado el corazón y la conciencia. Recordó haberse olvidado del mundo que le rodeaba, sumergido gracias a unos auriculares que no dejaban de reproducir la canción ideal, la melodía que le hacía pensar en ella, la música que encogía su alma y le permitía pensar, por un instante, que ya quedaba menos para volver a sentir sus labios.
Rafael escuchó toda la balada con los ojos cerrados, sentado en el sofá con las manos tapándole la cara. La música seguía completamente asociada a la persona y, estrofa tras estrofa, su silueta se dibujaba en el interior de su cabeza como si ella estuviera delante de él en aquel momento. Nunca un estímulo musical había supuesto una evocación tan intensa de su pasado.
Las notas inundaban la estancia, impregnando el salón de un sonido de su juventud que ya estaba lejos en el tiempo, aunque no así en la memoria. En esa atmósfera de añoranza sobrevolaban recuerdos y sensaciones pasadas difíciles de recuperar: un joven inexperto, enamorado hasta las trancas de aquella niña que había despertado en él emociones indescriptibles hasta ese momento, conquistando su corazón y dejando en él una huella que duraría para siempre. El título de la canción no podía describir mejor lo que ocurrió durante aquel verano: un momento mágico en el que disfrutó, vivió y descubrió a su “Pequeño gran amor”

23 de enero de 2013

MAN OF STEEL

En unos meses (Junio de este año) llegará a nuestras pantallas una nueva película que narra las aventuras del hombre de acero, también conocido como Supermán. En este caso, lleva por título Man of Steel y está dirigida por Zack Snyder, el director de 300) y protagonizada entre otros por Henry Cavill (en el papel del famoso superhéroe), Amy Adams. Kevin Costner y Russell Crowe.
Uno de mis mejores recuerdos cinematográficos de la infancia es el de aquella tarde en la que fuimos varios niños, acompañados de varias madres, a disfrutar de la primera parte de Supermán, con el desgraciadamente fallecido Christopher Reeve haciendo las delicias de toda aquella pandilla de mocosos, que salían del cine con la boca abierta tras una hora y media de absoluta diversión. En buena lógica, no espero que esta ocasión sea tan especial como aquélla, pero acudiré al cine a pasar un buen rato sin olvidarme de que fue este héroe del cómic el que me hizo empezar a amar el cine, así como querer acudir a una sala para experimentar esas sensaciones que solamente el séptimo arte te provoca .
Aquí os dejo un par de tráilers para "abrir boca"


 

9 de enero de 2013

LA HUMANIDAD

Un vídeo titulado "Man" (by Steve Cutts) que nos puede servir para reflexionar acerca de qué es lo que ha sucedido en este planeta en el que nos ha tocado vivir, a raíz de la presencia de la raza humana y su progresiva industrialización. Históricamente, el hombre ha hecho lo que le ha venido en gana con los recursos del mundo en el que vive, pero esto se ha exacerbado en el último siglo de una manera alarmante. Es probable que, de continuar por este camino, los hijos de nuestros hijos no lleguen a conocer muchos de los tesoros de los que ahora disfrutamos.
Parémonos a pensar por un momento si el camino escogido es el más idóneo para asegurar un futuro duradero...

5 de enero de 2013

NOCHE MÁGICA

Para mis niños; un cuento en la Noche de Reyes, deseando que hoy se cumplan todos sus deseos...


Era el día previo a la llegada de los Reyes Magos y hacía frío en aquella noche especial. En pocas horas los hogares se llenarían de regalos, respondiendo a toneladas de ilusión que todos los niños habían depositado, en pequeñas porciones, en ese buzón que haría llegar sus cartas hasta los Magos de Oriente. La emoción y el nerviosismo se respiraban por todas las calles y en los edificios cada vez brillaban menos luces encendidas, señal inequívoca de que casi todo el mundo se había ido a la cama con la esperanza de despertarse y encontrar bajo el árbol todo lo que habían pedido… y alguna que otra sorpresa.

Como en tantas otras, la oscuridad se había adueñado de aquella casa y el silencio de la madrugada dominaba el amplio salón. En una esquina, el árbol de Navidad parecía haberse marchitado, una vez que las luces que lo iluminaban, arremolinándose ensortijadas a su alrededor, habían apagado su intermitente brillo. De pronto, se escuchó una voz dulce y suave que difuminó la quietud existente hasta ese momento:

—Cada año que pasa me encuentro más gorda y brillante… Los excesos de estas fiestas no me sientan nada bien –dijo la bola de color dorado que pendía de una de las ramas del árbol.
—Pues debe ser algo contagioso, porque a mí me sucede lo mismo –proclamó rotundo el gran muñeco de nieve de juguete que sonreía feliz al lado del sofá.
—No disimules –respondió una vela de colores que adornaba el centro de la mesa, rodeada por un par de piñas y varias hojas de acebo–. El otro día me dejaron encendida y si no fuera por mí, te hubieras comido la bandeja de polvorones. Espero que hoy respetes lo que han dejado para los camellos…
—A mí se me cae más pelo conforme pasan los años navideños –afirmó la cinta de espumillón contrariada y deseosa de protagonismo, retorciéndose sobre un cuadro del salón al que adornaba.
—Si al menos pudiera mantener la línea como esos bastones de caramelo… –respondió la oronda bola, con tono resignado.
—Claro, lo que vosotros no sabéis es el trabajo que nos cuesta bajar los niveles de azúcar y mantener controlada nuestra diabetes –comentaron al unísono dos bastones a rayas blancas y rojas que colgaban de las ramas superiores, entre un ángel y un Papá Noel medio despistado.
—¡Basta de cháchara!
El tono de la frase despertó a la mayoría de las figuritas del Belén, que dormían plácidamente tras una semana de intenso trabajo. El sonido procedía de los grandes calcetines colgados de la chimenea, que estaban más inquietos que de costumbre. Tomaron la palabra para silenciar aquel alboroto, temerosos de que Sus Majestades escucharan ruido y decidieran pasar de largo. Todos los adornos acataron la orden, excepto la estrella que presidía la cúspide del árbol: consciente de su posición privilegiada, intentó captar la atención de todos desde su altura; carraspeó por un instante y en tono muy serio dijo:
—No me extraña que el año pasado estuvieran a punto de dejarnos solamente unos pedazos de carbón. Armáis tanto escándalo que hasta Papá Noel dudó si descender o no por la chimenea; no hace falta que os recuerde que al final, asustado por el jaleo, tiró los juguetes desde arriba y salió pitando de aquí. Opino lo mismo que los calcetines: si no nos callamos de una vez, este año será incluso peor que el anterior. De vosotros depende…
Se miraron unos a otros, reconociendo su culpabilidad. Estaban de acuerdo con la arenga que la estrella había vertido; incluso una galleta de jengibre, asustada por el sermón, comenzó a llorar, siendo consolada por un mazapán superviviente del gran plato de dulces que ocupaba el centro de la mesa del salón.
La casa recuperó en pocos minutos el silencio. Entre demandas y sugerencias, los adornos navideños retomaron resignados poco a poco la calma:
—Yo el próximo año quiero más luces de colores –solicitó el árbol, que hasta ese momento se había mantenido en un discreto segundo plano.
—A mí me gustaría poder volar de verdad –sugirió el reno de paja que sostenía la puerta del pasillo–. Y no tener esta nariz roja tan fea…
—Yo propongo que desaparezcan del belén el buey y la mula –comentó el ángel que colgaba sobre el portal, mientras los animales le miraban enojados–. Al parecer, es lo que estará de moda a partir de ahora.
A pesar de las discusiones y los caprichos, la actividad se fue apagando paulatinamente hasta que toda la casa enmudeció por completo. En pocas horas la magia de los Reyes Magos transformaría aquel salón, depositando bajo el árbol y dentro de los calcetines un montón de juguetes que seguro dibujarían, a la mañana siguiente, la sonrisa más valiosa en el rostro de los dos niños que habitaban en aquella casa. Y eso era lo único en lo que todos los adornos, año tras año, estaban completamente de acuerdo.    

3 de enero de 2013

DESEO DE REYES



Un escenario nada apetecible: tráfico imposible, la ciudad colapsada por coches con prisas y las calles rebosantes de gente a la búsqueda de ese regalo para el que ya no queda tiempo. El fin de semana previo al día de Reyes era lo más parecido al caos que aquella pequeña ciudad había experimentado en los últimos meses. Y él se encontraba en medio de toda la algarabía, deseando haberse quedado en casa en lugar de salir para realizar esas compras navideñas de última hora, que tantos quebraderos de cabeza le habían provocado en otras ocasiones. El problema radicaba en que se lo había prometido a su hermana: tenía que encontrar ese juguete que su sobrino había pedido con tanto ahínco. Enseguida dedujo que ese año no podía decepcionar sus ilusiones apareciendo en casa con una camiseta o unos zapatos. Había que lanzarse al bullicioso mundo de los centros comerciales y las jugueterías, a la caza de aquel juego de mesa tan especial para Pablo como escaso y complicado de encontrar para él.
Había recorrido media ciudad con la decepción como compañera y una frase repetida una vez tras otra: “está agotado” Nunca se imaginó que tantas personas hubieran tenido la misma idea y acabasen por adquirir todos los ejemplares del maldito juego que se le había antojado a ese ahijado por el que siempre había sentido especial predilección. Sobre todo, teniendo en cuenta que sus futuros hijos no habían llegado todavía al mundo… Eso, si es que alguna vez se decidía a tenerlos, porque en ese momento ni siquiera compartía su vida con una mujer. Una ruptura sentimental bastante traumática con su anterior pareja había dejado una estela de decepción y desencanto que todavía no se había borrado, a pesar del paso de los años. Ahora estaba inmerso en un periodo diferente, en el que se había volcado en su profesión viajando a través de la vida en soledad, sin el anhelo de compartir besos y sonrisas con nadie en especial; “al menos hasta que llegue esa persona por la que valga la pena ver la vida de otra manera” solía pensar, no demasiado convencido de que ocurriese.
La última tienda de juguetes en la que entró, casi derrotado de antemano, parecía un campo de batalla: padres desesperados ahogándose entre discusiones y dudas, niños con los ojos fuera de sus órbitas y un ambiente general de celeridad y apremio que hubiera puesto los pelos de punta al más calmado. En medio de semejante desbarajuste se encontraba él, protegido tras sus auriculares, en los que sonaban los grandes éxitos de U2. De pronto, apareció el tesoro en una estantería: casi sin querer, tropezó con la joya que tanto andaba buscando, escondida entre un peluche gigante y la caja de un robot parlante con cara de pocos amigos. Se apropió del  juguete sin darle demasiada importancia a su hallazgo, para no levantar sospechas, dirigiéndose hacia la caja con la satisfacción del deber cumplido, a pesar de la agotadora investigación.
La cola en la zona de pago era bastante larga, con lo que se armó de paciencia mientras pensaba que Pablo iba a ser uno de los niños más felices en esa mañana mágica, en la que solamente ellos son los protagonistas. Su reproductor musical había hecho una pausa entre canción y canción, con lo que pudo escuchar una voz que le resultó muy familiar: unos metros más adelante, en esa misma fila que esperaba a abonar sus compras, una pareja alternaba frases con risas, sin separar sus ojos el uno del otro, regalándose de vez en cuando un beso que desprendía felicidad por babor y estribor. Nada más ver la escena, pulsó el botón de “stop” para eliminar la música de sus oídos; hubiera deseado tener otro para ralentizar la taquicardia que nublaba sus pensamientos: quería que todos sus sentidos estuvieran concentrados en contemplar a aquella mujer. Sí, era ella, su última compañera, su anterior pareja, su “ex”, así, sin apellido. No la había vuelto a ver desde la noche en que decidieron dejarlo, tras varios días de discusiones y sufrimiento innecesario. Ahora estaba rodeada por otros brazos y sonreía al lado de otro hombre que se desvivía en atenciones hacia ella, mientras compraban algún regalo en el mismo lugar en el que el destino los había hecho coincidir. Su perplejidad fue neutralizada por una anciana que, detrás de él en la fila de gente con regalos, le tuvo que recordar que debía avanzar para poder pagar su preciado juguete. La tarde de compras había tenido un desenlace para el que no estaba preparado, ni en su mente ni en su corazón.
Continuó contemplando a la feliz pareja durante un buen rato. Un sentimiento de envidia recorría su mente, pero al mismo tiempo algo en su interior le advertía de que solamente él era el culpable de que aquella escena se estuviera representando ante sus ojos. Recordó momentos de su relación con ella, en los que su comportamiento no era, ni mucho menos, para sentirse orgulloso: vendiendo caras sus emociones, regateando frases de cariño, mostrándose cicatero con sus besos e intransigente con los deseos que ella solicitaba… El resultado no podía ser más obvio: cansada de dar, sin recibir nada a cambio, ella decidió abandonar el barco dejándolo solo en su aventura a la búsqueda del amor. No había duda de que ahora aparentaba encontrarse mucho más contenta.
Salió de allí con su regalo y una incómoda desazón ante el encuentro que acababa de experimentar, aunque más bien había sido un desencuentro consigo mismo. De camino a casa, cayó en la cuenta de que todavía no había escrito su carta a los Reyes Magos. Después de aquella tarde, este año tenía muy claro lo que les iba a pedir: humildad, paciencia, sencillez y modestia. Grandes dosis de esas cuatro características, para no volver a decepcionar a esa persona que, escondida tras algún día de algún mes de ese nuevo año, le haría ver seguro la vida de otra manera. Y dejando caer una sonrisa, apuró el paso convencido de que, por fin, Sus Majestades iban a acertar con el regalo más adecuado.  

31 de diciembre de 2012

CUENTA ATRÁS PARA EL 2013



El año se termina y los minutos finales del día 31 de Diciembre siempre se consumen rodeados de amigos y familiares, pendientes de las uvas, del reloj… y de los mensajes de móvil que nos bombardean en esos momentos, deseando en general que tengamos una buena despedida y una mejor entrada de año. Hay otros lugares en los que, en lugar de comer uvas a ritmo de las doce campanadas, simplemente establecen una cuenta atrás de diez segundos para dar la bienvenida al nuevo año. Como no me gustan las uvas, esta vez, para variar, quisiera aportar mi contaje particular; o al menos uno que represente a muchas historias personales y a mucha gente que, seguro, ha vivido de un modo especial este año que ahora finaliza. Estos diez pequeños "fragmentos de intimidades ajenas", que podrían ser diez mensajes que aparecerán en la pantalla de algún teléfono móvil en esos momentos en los que 2012 esté llegando a su fin:

DIEZ: La nota que le doy a tu paciencia y a tu cariño. Sé que a veces es complicado estar a mi lado, por mis olvidos, mis ausencias y mi egoísmo, pero siempre encuentras el camino adecuado para regalarme una sonrisa. No podría seguir adelante sin tu apoyo, ya lo sabes…

NUEVE: Días. El tiempo que ha pasado desde que te fuiste para acudir a ese curso tan importante como necesario. La casa ya no es la misma sin tu calor; todo se ha vuelto de repente más oscuro y la cama es un espacio vacío en el que mis manos buscan desesperadas tu espalda. Te necesito a mi lado, en los días aburridos y las noches desveladas. Vuelve pronto…

OCHO: Las cosas que existen en nuestra vida que, siendo gratis, son de absoluta necesidad y despiertan en nosotros los sentimientos más intensos y las satisfacciones más preciadas que uno puede llegar a experimentar:  abrazar, sonreír, los amigos, besar, la familia, dormir, amar y los buenos recuerdos.

SIETE: Un número mágico. Mi fecha de nacimiento, el día que nos conocimos, el mes en que nació nuestro hijo, los años que llevo disfrutando la vida a tu lado… También las veces que me han tenido que operar para vencer por fin a este monstruo del cáncer que conquistaba mis órganos, aniquilando a su paso cada célula y devastando mi salud. Y siempre luchando contigo a mi lado, mi mejor arma contra la decepción y el desánimo, mi apoyo y mi descanso, mi amor…
   
SEIS: Personas a las que tengo que agradecer que este año haya sido, sin duda, el mejor desde hace mucho tiempo. Sois un equipo insustituible y sin vosotros no habría podido conseguir los objetivos propuestos; esa meta que a principios de año parecía inalcanzable para mí. Por eso quiero daros las gracias de todo corazón: por ayudarme a abandonar mi silla de ruedas y comenzar a caminar con la ayuda de estas dos prótesis, en esas interminables y agotadoras sesiones de fisioterapia que con tanta paciencia habéis llevado a cabo. Estoy convencido de que mi vida será mejor a partir de este nuevo año que ahora comienza…
     
CINCO: Minutos para hablar contigo tras estos meses sin respirar a tu lado. Lo suficiente para descubrir lo que ya sospechaba: que eres el hombre de mi vida y la persona con la que deseo pasar el resto de cenas de Nochevieja de aquí al fin de nuestros días. Pensando en lo que te quiero, me he dado cuenta de que te quiero más de lo que pienso…
    
CUATRO: Palabras que nunca te dije cuando tuve oportunidad; ahora me arrepiento de no haber sabido expresar mis sentimientos. Quizá por miedo, tal vez por orgullo o a lo mejor porque mi vulnerabilidad hubiera salido a flote. Lo cierto es que, a pesar de haberlo considerado en más de una ocasión, mis labios siempre estuvieron sellados sin arriesgarse a decir algo que ahora, con el paso de los meses, adquiere más significado que nunca: “te echo de menos”…

TRES: Copas de champán que he tenido que tomar antes de atreverme a decir que me gustas, que pienso en ti a cada momento del día, que nunca me he animado a hablar contigo cuando desayunas todos los días en el bar en el que trabajo. La vida nos regala a veces grandes casualidades y hoy, en esta fiesta de Fin de Año, voy a pedir un deseo: despertarme con un beso y un abrazo a tu lado en el día de Año Nuevo: la mejor manera de empezar a quererte…

DOS: Nosotros. Tú y yo. No hace falta nada más para pasar la mejor noche de fin de año de mi vida, ahora que por fin estás a mi lado. El año pasado ni siquiera esperé a que dieran las doce; una excusa muy socorrida sirvió para ausentarme de esa fiesta en la que todo y todos me recordaban a ti. Hoy será diferente: no celebraremos la llegada del nuevo año; vamos a festejar que has vuelto. Suficiente motivo como para vivir esta noche de felicidad…
    

UNO: Y muchos: un beso arrancado a tus labios, un “te quiero” que perfora mi alma, un día de playa iluminado por tu mirada, una noche compartida entre jadeos y caricias, un mensaje de una frase que resume todo en pocas palabras, una canción dedicada para no olvidar esa tarde en el parque, un regalo especial en un momento inesperado, un corazón entregado que se acelera ante tu abrazo, un deseo de seguir amándote en el año que ahora comienza…


27 de diciembre de 2012

RESUMEN DEL AÑO 2012 EN GOOGLE


Esto es lo que podemos averiguar viendo la publicación de Google Zeitgeist de 2012: 1,2 billones de búsquedas en 146 idiomas. Muy marcado por la muerte de Whitney Houston y el gran fenómeno mediático que ha supuesto el "Gangnam Style" de PSY.
A nivel mundial las búsquedas de mayor crecimiento han sido:
  1. Whitney Houston
  2. Gangnam Style
  3. Hurricane Sandy
  4. iPad 3
  5. Diablo 3
  6. Kate Middleton
  7. Olympics 2012
  8. Amanda Todd
  9. Michael Clarke Duncan
  10. BBB12
Mientras que en España:
  1. Bankia
  2. Mi Tele
  3. Prima de Riesgo
  4. Gran Hermano 12+1
  5. Lo Imposible
  6. Apalabrados
  7. Reforma laboral 2012
  8. Felix Baumgartner
  9. Gangnam Style
  10. Sepe
Este es el vídeo que nos muestra en imágenes lo más relevante del año que ahora termina:

24 de diciembre de 2012

BLANCA NAVIDAD



Con cuidado para que no se les caigan los alfileres, Blanca recoge los carteles que ha colgado en el tablón de anuncios de la biblioteca. Han pasado ya un par de semanas y nadie ha respondido a la oferta que ha escrito junto a su número de teléfono, con grandes letras de color verde que resaltan clamorosas, anunciando un mensaje para el que nadie tiene réplica: “BUSCO SONRISA PARA APAGAR MI TRISTEZA Y COMPARTIR UNA ALEGRE CENA DE NOCHEBUENA”. Mientras guarda los papeles en la mochila, piensa cómo será una Navidad en compañía, sin lágrimas y con regalos, sin soledad y con montones de besos… Fuera, en la calle, nieva.

14 de diciembre de 2012

DUMB WAYS TO DIE




Campaña de METRO TRAINS Melbourne (Australia) para concienciar a la gente de la peligrosidad existente en las estaciones de tren y de metro, en donde cualquier despiste o acción inapropiada puede originar un accidente muy grave.
El vídeo, titulado "Dumb ways to die" ("Maneras estúpidas de morir") y la canción se han convertido en todo un fenómeno en la red, e incluso han salido ya multitud de imitaciones aprovechando la idea original. Basta con poner en Youtube "dumb ways to die" y aparecen desde la versión con personas reales, hasta una parodia con videojuegos, pasando por otro similar titulado "Cool things to find" e incluso uno que va más allá, recomendando otras "Dumber ways to die"
La musiquilla engancha y el vídeo es muy original y divertido. Espero que os guste...

12 de diciembre de 2012

OLVIDO


Demasiado tarde; creo que no podré aguantar mucho más así… Demasiadas noches sintiéndote muy lejos en esa cama que se ha partido por la mitad, dejando entrever el precipicio de tristeza que nos separa. Demasiada distancia como para apreciar el cálido roce de una caricia. Se me ha olvidado quererte y a ti se te ha olvidado que sigo aquí, a tu lado, tratando de reparar una herida que sangra y duele más cada día. Yo al menos lo he intentado, pero tú rechazas cualquier muestra de cariño que asome temblorosa de mis labios o de mis manos. Donde antes se leía “pasión” ahora existe un cartel polvoriento que reza “pasivo” y la sorpresa ha sucumbido a tantos días de aburrimiento, dejando paso a una rutina que domina ese mundo sin sentimientos que tan solo tú comprendes. Un mundo muy diferente al que compartíamos no hace tanto tiempo, cuando la felicidad era moneda de cambio habitual en nuestra economía.
No hay tregua. Los días se clavan en mi desazón y el deseo ha decidido viajar muy lejos, hastiado de tus olvidos y consumido por tu irritante apatía. A fuerza de compartir silencios me he convertido en tu animal de compañía: dócil, fiel y servicial, pero incapaz de expresar con palabras que ya no soy yo. Que has conseguido que mire tu rostro y encuentre indiferencia. Que mi sonrisa se ha apagado asustada por tu indolencia. Que me he transformado justo en lo contrario de lo que siempre he querido ser: un despojo de mí misma, un residuo de una relación, un error de diseño en los planos de nuestro futuro…
Podría escribir un libro reflejando todo lo que has abandonado por el camino en estos meses; los “te quiero” están sepultados bajo toneladas de dejadez; nuestras miradas se han perdido, difuminadas en medio de una incomodidad difícil de disimular; la sonrisa es una excepción, que vendes cada vez más cara, a la norma de tu melancolía; mis labios claman a gritos la necesidad de un beso y mi cuerpo sigue buscando cobijo en la guarida de tus abrazos, pero la única respuesta que recibo es tu indiferencia, fría e inerte como un iceberg. Ya no queda ni la más remota señal de aquel romanticismo que conquistó mi corazón; ahora, por el contrario, vagas sin rumbo tratando de evitarme; tratando de negar a quien hasta ayer te quiso de un modo incondicional. No sé cuánto tiempo más podré aguantar a la intemperie, sin el calor de una pasión que apenas recuerdo.
Y a pesar de todo, todavía queda algo en mi interior que sigue creyendo que estás ahí, que tu corazón se ha escondido en el doble fondo de tus temores, agazapado entre engaños y perdido en un laberinto de mentiras del que es complicado escapar. Déjame intentarlo, permíteme extraer todo ese rencor, combatiendo el miedo con oleadas de comprensión y afecto. Intentemos volver al punto de partida, o al menos a un lugar cercano al mismo, resguardados del frío que ahora asuela nuestra existencia. Me temo que es la última oportunidad; siento que mi amor se oscurece de manera paulatina, abandonado a su suerte por alguien que no ha querido seguir peleando por él; abandonado en un lugar inhóspito al que no llegan los ecos de un cariño oxidado. Demasiado lejos, demasiado olvido… 

2 de diciembre de 2012

EL MONSTRUO


“Mañana me voy” La frase, escrita sobre un trozo de papel arrugado y viejo, arroja su escueto mensaje a la cara del que lo lee, escupiendo una a una tres palabras llenas de decepción que resuenan con fuerza en la soledad de una casa vacía.
Él revisa un par de veces la nota y luego se deshace de ese pequeño testamento lanzándolo por la ventana con toda su energía. Luego, se sienta en la cama y esconde su cara entre las manos, seguro de que ella cumplirá en breve la amenaza que ha escrito en ese fragmento de su rencor. No deja de darle vueltas a una idea recurrente que convive, a modo de obsesión, con su día a día desde hace varias semanas: “tarde o temprano iba a ocurrir…”  Ella se iría, lo abandonaría a su suerte, dejando tras su marcha un rastro de hartazgo y compasión. No es la primera vez que le sucede, pero tampoco puede asegurar que será la última…
La habitación se le cae encima, con la frustrante sensación de derrota que de nuevo navega por el revuelto mar de su cerebro. Se levanta y enciende un cigarrillo que consume un poco más su reducida esperanza de vida. Abre el mueble del salón y se sirve una dosis de alcohol que proporciona un minuto de calma a un cuerpo tembloroso y viciado. Lleva unos días sin encontrar el interruptor para apagar su cabeza, pero la ginebra le concede un descanso para corretear en el terreno del olvido, dejando de lado por un instante la huella del fracaso. La vergonzosa marca de un hombre incapaz de amar sin herir, al mismo tiempo, a su oponente.
La secuencia se repite una vez tras otra: apariencia y conversación agradables que se cruzan en su camino, inicio de una relación prometedora con esa mujer que podría ser la pieza que falta en su destartalada existencia, semanas de entrega y amor incondicional y, finalmente, vuelta de nuevo al solitario camino que lo transporta en silencio por el paso de los días. Entre medias, algo que no encaja: una tuerca floja en la intrincada maquinaria del deseo, un comportamiento inadmisible en la frágil línea que mantiene el equilibrio de una pareja, un carácter diseñado para el egoísmo y la soledad… Y él sabe de buena tinta qué es lo que sucede, aunque sea tan complicado asumirlo.
Sobre la mesa del comedor, una foto de ambos abrazados y sonrientes pide a gritos ser enterrada en el fondo de un cajón. Él contempla su cara, y cae en la cuenta de que antes le parecía más guapa que ahora. La música que escoge trata de llenar el vacío que le rodea, asfixiando su capacidad para recordarla con sensatez. Trozos de felicidad, jirones de una vida en común que, desconchados, dejan paso a las manchas de humedad de la conciencia. Ella se ha cansado de su desconfianza, harta de justificar ausencias y de conceder explicaciones innecesarias. Él se ha ido transformando, conforme pasan las semanas, en un animal celoso y desconfiado; ávido del deseo de vigilar a su presa, para acorralarla y terminar cazándola en la jaula de su desprecio, con la única excusa de la infidelidad. Envuelto en una atmósfera de acoso y agresividad que se exacerban cuando el guión no se atiene a sus milimétricas directrices, intenta autoconvencerse de que está en lo cierto, viendo mentiras donde no las hay y creando fantasmas donde nunca existirían. Así, día tras día, esperando un motivo para confirmar todas sus sospechas, por muy inverosímiles que parezcan.
El juego lleva grabada su propia fecha de caducidad: consumiendo etapas, desgranando discusiones, fabricando un clima irrespirable. Hasta que ella se agota, ahogándose en un laberinto de sospechas cuya única salida es la ruptura con su incansable vigilante. Porque él no cejará en su empeño, viviendo agobiado por la posibilidad de que ella le engañe con otro, por mucho que no exista justificación ni atisbo de que eso suceda. Un monstruo, el de los celos, que se alimenta de sus miedos y su inseguridad, creciendo a cada “gesto sospechoso”, sean llamadas familiares, conversaciones intrascendentes o risas amables. Irascible, avasallador, poderoso, adueñándose de su voluntad para convertirlo en un ser violento y despreciable.
“Mañana me voy” La letra irregular y pequeña, pero con suficiente valor como para anunciar su renuncia, resume semanas de inseguridad y hastío. Da la impresión de que se ha escrito para remarcar el hecho que representa: la huida, la deserción, el alejamiento de quien no suponía otra cosa que un lastre que acabaría hundiendo sus ilusiones. Ella podía haberse ido sin más, sin previo aviso… y es posible que cuando él lea la nota ya se encuentre muy lejos de su influencia; pero desea enfatizar su resolución, dejándole una última muestra que le aclare su derrota. Aunque sea algo que tendría que haber hecho ya hace tiempo…
La imagen borrosa de esa frase vuelve a su mente, ahora empapada por el líquido que antes contenía la botella vacía. Con los ojos llenos de lágrimas amargas, intenta recordar una etapa que pudo ser mejor sin su febril manera de controlar cada segundo de su existencia. Defraudado de nuevo, vencido por su propio carácter, enciende el ordenador y busca en la red la página de contactos y citas a ciegas que tan bien conoce: para reclutar a otra víctima que intente llenar su inabarcable soledad; para culparla de su propia incapacidad de amar y ser amado; para atormentar su vida y ahorcar su paciente cariño; para comenzar de nuevo…      
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