7 de diciembre de 2013
VERDADES COMO PUÑOS
Creo que con facilitar el enlace es suficiente. Después de leer ambos artículos, no puedo más que darles la razón en todo...
Espero que los disfrutéis.
ARTURO PÉREZ REVERTE: "Se ruega no escupir al médico"
MÓNICA LALANDA: "Cuando sea vieja, me moriré"
13 de noviembre de 2013
EXCUSAS
-Porque ha pasado mucho tiempo y ya no me prestas la
atención que solías
-Porque tus prioridades han cambiado y ahora no soy
una de ellas
-Porque tu nuevo trabajo te absorbe tiempo, mente y
dedicación
-Porque se te ha agotado la imaginación y crees que no
necesitas demostrarte nada
-Porque ya no me incluyes en tu lista de “lo más
importante”
-Porque "no eres tú; soy yo..."
-Porque unas veces no quieres, otras no puedes y la
mayoría te olvidas
-Porque consideras que nuestro momento ha pasado
-Porque mantienes a duras penas la relación, pero has
pensado varias veces en dejarlo
-Porque te has cansado de dar tanto y no recibir casi
nada a cambio
-Porque sigo
estando ahí, pero la pereza vence a las ganas en su pugna diaria
-Porque casi
no hablas de mí en tu organizada pero caótica vida
-Porque ya no
es lo mismo que al principio… en todos los aspectos
-Porque no
percibo en tu mirada ni la mitad de aquella pasión que antes desbordabas
-Porque todo,
incluso el deseo, termina por agotarse…
Las preguntas
que todos tendríamos en la cabeza ante estas afirmaciones y que servirían como
punto de partida para leer este texto: ¿POR QUÉ ROMPES NUESTRA RELACIÓN? ¿POR
QUÉ YA NO ME QUIERES? ¿POR QUÉ ME HAS DEJADO?... En realidad, no van por ahí
los tiros en el día de hoy. Habla mi blog, tratando de entender qué ocurre y reprochándome
el “abandono” al que lo he sometido en los últimos meses. Pues, a pesar de
todas estas excusas que podría argumentar, este blog cumple hoy 3 añitos, con
gran pesar por mi parte por no haber sido capaz de dedicarle en los últimos
meses todo el tiempo que me hubiera gustado. De hecho, el pobre está algo
oxidado y deseoso de volver a retomar la actividad que tuvo… hace no tanto
tiempo. Espero regalarle (y, por extensión, a todos aquellos que lo visiten)
algo más de trabajo, entrega y entusiasmo a partir de ahora. Y es que, aunque
no lo reconozca con frecuencia y las apariencias actuales no lo confirmen,
sigue siendo motivo de orgullo para mí y he disfrutado mucho con todo lo que he
escrito y volcado en él.

21 de octubre de 2013
EFECTOS SECUNDARIOS
Resulta curioso: eres la misma
pero ya no te veo igual… Ayer llegaste al trabajo y percibí algo diferente
cuando me saludaste: un gesto espontáneo, una ligera variación en tu mirada y
en el tono de tu voz; incluso el propio hecho de que pasases a mi lado y me
dedicases un “buenos días” ya era atípico por sí mismo. No podría asegurar el
qué, pero te notaba distinta, peculiar, resultado de una metamorfosis extraña
que hubiera multiplicado tu magnetismo hasta límites irresistibles. Debo
reconocer que me sentí halagado por tu breve e inesperada atención, que convirtió
una mañana anodina en todo un reto para volver a coincidir contigo en las
siguientes horas allí encerrados, entre papeleo, ordenadores y llamadas
telefónicas.
Me hubiera gustado saber si todo
eso era fruto de mi imaginación, o bien obedecía a un deliberado cambio de
actitud en tu manera de tratar conmigo. Lo cierto es que, esa misma tarde,
entraste en mi despacho arrasando a tu paso, con tu sonrisa, toda forma de vida
inteligente en el planeta. “¿Quién te has
creído que eres para poner patas arriba ese frágil equilibrio senti-mental en el
que sobrevivo a duras penas?” pensé yo, mientras trataba de recomponer en
mi cerebro el puzle de emociones que tu presencia había desbaratado. Siempre
habías estado ahí, discreta, neutral, incluso áspera a ratos… pero siempre
también guapísima y poseedora de un atractivo fuera de rango. Y ahora, entras a
saco por la puerta falsa de mi corazón, haciendo saltar todas las alarmas
anti-enamoramiento, seduciendo mi torpeza y sonriendo ante mis meteduras de
pata, para provocar fuegos artificiales en mi confuso pensamiento y hacerme sentir
que no tenga otra cosa en la cabeza que la ilusión de pasar el próximo fin de
semana lloviéndote a besos, contemplándote empapada por tormentas de caricias,
sin más lugar en donde cobijarte que en la seguridad de mi abrazo.
No, no es posible un cambio tan
pronunciado en tan corto espacio de tiempo; he debido ser víctima de una
ilusión adolescente, columpiándome en el trapecio sin red de tu sensual manera
de caminar por la oficina y desatendiendo tu conversación al contemplar el hipnotizante influjo de tus labios, que moldean palabras y frases en las que el
significado es lo de menos. Si hasta hace pocas semanas pasaba desapercibido
ante tus ojos, con la esperanza de que al menos te fijaras en mi nueva camisa o
ensalzaras el buen gusto en la elección de mi corbata. Pero siempre acababa con
la impresión de tener el don de la invisibilidad al estar a tu lado; un ser
transparente que no merecía más atención que la de esquivar su presencia al
encontrarse frente a él por un pasillo. Ahora, desde hace unos cuantos días,
buscas mi conversación y mi compañía, sin ser consciente del descalabro
emocional que suscitan en mi existencia los minutos a tu lado, tratando de
respirar ahogado entre tanta belleza mientras contemplo la posibilidad de una
noche perfecta a la vuelta de la esquina. Definitivamente, algo se me escapa y
no acabo de adivinar el qué…
Hoy han venido al trabajo un par
de agentes de policía acompañados de mi psiquiatra. No comprendía nada, pero me
llevé una gran sorpresa cuando se dirigieron a la cafetería, en donde me
encontraba hablando tranquilamente contigo y me comunicaron que estaba detenido
por acoso sexual e intento de agresión a una compañera de la oficina. Como no
podía ser de otra manera sostuve mi inocencia, convencido de que se trataba de
un grave error. El doctor mencionó algo acerca de las consecuencias “de un
grave deterioro de la evaluación de la realidad…” y de mi reiterada costumbre
de abandonar el tratamiento. Reconozco que llevaba bastante tiempo sin tomar
mis pastillas, pero tenía que dejarlas: ese litio desconcierta mi mente de
manera progresiva, me provoca temblores y creo que estoy ganando peso y
perdiendo pelo desde que me lo recetaron. Pero lo que de verdad más me extrañó
fue tu reacción; sigo sin encontrarle una explicación a tu modo de mirarme y al
hecho de que no me dijeras ni una palabra cuando pasé a tu lado, esposado,
camino del hospital. Definitivamente, a las mujeres no hay quien las entienda…
29 de septiembre de 2013
CON LA MAREA
A grandes zancadas sobre las olas, con los tobillos mordisqueados
por la intensa frialdad del océano y dejándose envolver por ese olor tan
reconocible de la brisa, mezcla de algas y salitre. De esa manera solía pasear
por la playa, en soledad, sin importarle lo más mínimo el día ni la estación
del año.
Encontraron su cuerpo al
amanecer, un oscuro día de otoño. El mar la había devuelto a la costa, cerca
del acantilado en el que el agua, encrespada y violenta, descargaba su furia
contra las rocas. Incluso el murmullo de la espuma sobre la arena parecía
insinuar cuánto la echaba de menos…
28 de mayo de 2013
AMABLE
Empiezo a pensar que todo esto no
es más que un mal sueño. No es posible que se haya acumulado tanta mala suerte
en tan poco tiempo, concentrándose además en la misma persona, que no es otra
que la que escribe estas líneas. Debo reflexionar sobre lo que ha sucedido,
para tratar de buscar remedio a esta situación y así conseguir que de mi cabeza
se aleje esta negatividad y pesadumbre que anega mis pensamientos.
Para no tener dudas al respecto,
he consultado en el diccionario la definición de amable: “afable, complaciente,
afectuoso”. En realidad no era ésta la que estaba buscando, sino la segunda, la
que define a alguien amable como
“digno de ser amado”. Ahí es a donde quería yo llegar, porque me considero dentro
de ese grupo de población que puede ser etiquetado así: alguien digno de ser
amado, con todo lo que conlleva esa frase. Sin embargo, no he conseguido
todavía que alguien me ame con un mínimo de continuidad, manteniendo encendida
y viva esa llama que resguarda bajo su cálida luz todo el cariño que surge
hacia el otro cuando dos personas contactan en el plano afectivo.
Ha pasado ya medio año y he
compartido mi vida con tres parejas diferentes, a cada cual más extravagante y
caprichosa... al menos bajo mi criterio. Tres sujetos que no llegaron a
establecer conmigo un vínculo emocional sólido, pero en los que vi desde el
principio cierta analogía de carácter, una predisposición empática que no hizo
más que ilusionarme desde el primer encuentro y desde el beso inicial. Nada que
hacer; diez semanas escasas fue lo que aguantó la relación más duradera de las
tres. Y en todas apareció un denominador común: saturadas de mis atenciones y
hastiadas de mi peculiar forma de amar, mis ya ex parejas acabaron por dejarme
en cuanto fueron conscientes de que la química se desvanecía a cada hora que
compartíamos, de que la pasión perdía intensidad ahogada entre la inseguridad y
la desconfianza. En cualquier caso, un tiempo demasiado corto como para
considerar la posibilidad de pasar el resto de mi vida en su compañía.
Analizando mi comportamiento debo reconocer
que, en lo que a mí respecta, la mediocridad no es un rasgo que conforme mi
carácter. Cuando me entrego a un proyecto sentimental, vuelco mi corazón y toda
mi energía para vivirlo en cuerpo y alma. Si me paro un poco más a pensarlo, reconozco
que es posible que esta avalancha emocional pueda tener también sus
inconvenientes. Yo, que me enorgullezco de llevar los bolsillos llenos de
palabras afectuosas y la boca repleta de “te
quieros”, no he sido capaz de provocar en nadie una respuesta que no sea el
rechazo a corto plazo y la indiferencia más desoladora. Demasiado agobiante, demasiada intensidad en la convivencia, un asfixiante exceso de control y de
entusiasmo: un alto precio que me exijo para no tener que flirtear con mi
soledad, pero un alto peaje a pagar para el contrario, que en principio no
aspira a otro cosa que no sea compartir su deseo y disfrutar de la vida en
compañía, sin más complicaciones.
Es hora de reconocer lo que llevo
un tiempo sospechando y me niego a asumir: ni es un mal sueño ni es cuestión de
mala suerte; la suerte buena o mala es el pretexto de los fracasados, dice una
frase que he leído en algún lugar. Existe un único culpable para esclarecer
esta tormenta de emociones que rige cada una de mis aventuras en busca del amor
que todavía no he encontrado: yo. Qué triste resulta asumir que mi excesiva
manera de entender el amor y las relaciones íntimas sea precisamente lo que me
aleje de su conquista. Y es que “más” no siempre es “mejor”…
15 de mayo de 2013
RUTINA
No ha sido fácil. Llevamos juntos
32 años arrancando días del calendario, rebasando meses, triturando años… en
este mundo tan ajetreado que gira y gira sin tiempo para pararse a pensar en el
tiempo. Toda una vida, dirían algunos, aunque he de reconocer que ha habido muchas
vidas incluidas en ésta; desde luego, así lo hemos sentido a lo largo de este
camino compartido a través de nuestra relación.
Nos conocemos muy bien. Podría
afirmar que incluso demasiado, pues hemos llegado a ese punto en el que, de un modo casi ofensivo, sobran
palabras y faltan gestos. Conocemos a la perfección
reacciones, deseos, apetencias, frases… a veces incluso antes de que sucedan:
entre la experiencia acumulada y el lenguaje corporal se nos ha hecho muy complicado
ser capaces de mentir; al menos sin que el otro descubra la trampa filtrada a
través de un tono de voz atípico, de una mirada que elude la contraria, de un gesto que
se escapa del guión establecido. Los pros y los contras de tantas y tantas
horas escudriñando temores con el alma desprotegida, contemplando resignados el
paso de los recuerdos para sentir que en algún momento todo vuelve a ser familiar y
repetitivo.
Desde hace un par de semanas, la
situación ha cambiado de manera considerable: esa rutina pegadiza y continuada
ha pasado a un incómodo segundo plano. Nos hemos vuelto diferentes a los ojos
del otro, enfatizando con nuestro comportamiento unos defectos que ya
dormitaban desapercibidos, ahogados bajo el peso de los años. Uno más egoísta y
displicente, el otro más desconfiado e irritable, pero ambos sometidos a la
execrable tarea de humillar al contrario a base de atacar sus puntos débiles,
de herir al enemigo masacrando la fragilidad de su carácter. Pudiera ser un
comportamiento recíproco, una resentida Ley del Talión que emergiese de lo más
profundo de nuestras miserias, embotadas de venganza tras miles de horas contenidas
bajo una represión incomprensible. Pudiera ser que el vaso, por fin, haya colmado
su capacidad y su desbordamiento haya pulsado un botón de alarma en nuestro
cerebro. En todo caso, algo o alguien ha desencadenado una nueva etapa,
diferente, inesperada, que ha despedazado nuestros hábitos y costumbres de la
manera más abrupta.
Hemos decidido pactar un
armisticio que nos proporcione el tiempo necesario para la reflexión; una pausa
en ese estado permanente de ataque irascible que desangra nuestra paciencia.
Hoy, en la cena, mostraremos por fin nuestras cartas. Basta de fingir, forzando
una situación para la que ya no existe salida. Nos diremos las verdades, ésas
que agujerean el alma con su sinceridad, engendrando llagas que nunca más
vuelven a cerrarse. Estaremos de acuerdo en comprender el por qué de esta
rabia, enraizada en la ausencia de un cariño que hace ya muchos años que tomó
la decisión de abandonar el barco. Y tras demasiado tiempo de silencio y sentimientos
disfrazados, reconoceremos casi con pudor que desde hace pocos días otras
caricias han acelerado nuestros corazones, que otros cuerpos han sido capaces
de transportarnos a lugares que no visitábamos desde hacía décadas. En pocas
palabras, que los dos nos hemos enamorado de otras personas: dos seres ajenos a
un mundo de oscuridad que ahora dejamos atrás, mientras contemplamos cómo
entierran definitivamente una relación que poco a poco se iba muriendo en vida. La
nuestra…
5 de mayo de 2013
PARA MAMI
Hoy es el DÍA DE LA MADRE y entre mis hijos y yo hemos querido hacer una entrada en el blog para felicitar a nuestras queridas mamás, teniendo en cuenta lo que ellas siempre dicen cuando llega este día y lo celebramos de manera efusiva: "hijo/a, si para mí todos son días de la madre..." Y en realidad, es así, porque en sus cabezas no cabe dejar de pensar ni un solo día en sus polluelos, tengan 4 ó 40 años.
De todas formas, hoy queremos hacer un pequeño homenaje a esas madres que siempre están ahí, en los buenos y los malos momentos, con sus reprimendas y sus consejos, con su cariño y amor desinteresado y sincero... En resumen:
FELIZ DÍA, MAMI!!!
No quisiera terminar este post sin añadir un texto que encontré en internet y que creo dibujará una sonrisa en la cara de quien lo lea:
¿QUIÉN ES TU MAMÁ?
-
Mamá es esa señora que lleva en el bolso un pañuelo con mis mocos, un paquete
de toallitas, un chupete y un pañal de emergencia.
¿La ves? Es aquélla, la más
guapa, la que sonríe…. Tú!!!!!
3 de mayo de 2013
PALABRAS QUE HIEREN
Ha pasado casi una hora y ya no
se oyen las voces procedentes del interior del piso; una discusión a gritos que
ha alertado a todos los vecinos del pequeño edificio situado al fondo de la
calle, en la esquina con la Plaza de la Fuente. El silencio es ahora tan espeso
que se hace difícil respirar en su atmósfera, atrapados por esa incómoda
presencia, que oprime la garganta y no permite que emerjan las palabras. Unas
palabras que momentos antes salían a borbotones de ambas bocas, altivas,
empapadas del desprecio con el que se viste el rencor acumulado, hiriendo el
orgullo de su oponente con su incandescente veneno, apuntando directamente a
las heridas que siempre dejan la culpa y la debilidad.
Él permanece sentado en el borde
de la cama, cabizbajo, con las manos sosteniendo el peso de la cabeza, tratando
de perderse con la mirada entre el laberinto de los dibujos de la alfombra.
Ella humedece un pañuelo de color negro con su llanto mientras escucha de fondo
el bullicioso ir y venir de la gente en la calle, que transita viviendo ajena
al dolor y a la rabia que se desarrollan en esa cárcel de tristeza. Exhaustos
por la batalla de sentimientos y el odio vertido en cada frase, han decidido
por agotamiento pactar una tregua que lleva implícito el mutismo; un paréntesis
que contempla el cese de las hostilidades, en forma de frases y amenazas, que
no han dejado de perforar los cimientos de su relación; unos años en común de los que apenas quedan algunos recuerdos en pie. Tratando de evitar los ojos de su
contrincante, a riesgo de caer por un segundo bajo el atisbo de la debilidad,
de una esperanza ante la que calentarse con los rescoldos del pasado. No, eso no
puede suceder, piensan, mientras su instinto de protección trata de recuperar
porciones de dignidad que se han desplomado por el camino. Encerrados frente a
frente en el reducido espacio de una habitación que desprende olor a fracaso,
deseando escapar hacia donde les lleve la esperanza, lejos de ese antro
macilento y frío.
Pasan los minutos, remedando
horas repletas a cada segundo de incertidumbre, tensión e impotencia. Las voces
siguen apagadas, desgarrando con su ausencia la tenue frontera que separa la
redención de la condena. Ninguno se atreve a dar el primer paso, avanzando de
manera inexorable hacia un “punto de no retorno” en el que muy probablemente
dará comienzo otra vida, otra aventura, dado el carácter irreversible de una
disputa que, a todas luces, se antoja definitiva. No importa el motivo de la
misma; es algo secundario cuando la convivencia se ha erosionado hasta tal
punto que el deterioro afecta a todas las esferas y a todos los ámbitos de una
vida que ya no es tal. No ha lugar para una frase más; no cabe más dolor ni
brotan ya más lágrimas…
Consciente de estar asomado al
abismo y aferrado a una última esperanza, él se incorpora y tiende su mano, tratando de no quemarse bajo el
resplandor de unos ojos cuyas pupilas son dos ascuas que miran sin mirar,
preguntándose por qué era necesario llegar hasta ese punto, hasta la cima del
dolor que supone la ruptura, el alejamiento, la desunión de un todo que ahora
es irreconocible. Ella traga un nuevo sorbo de su orgullo y se acerca despacio, respondiendo al ofrecimiento, de modo que él pueda abrazarla, todavía sentado,
entrelazando los brazos en la parte inferior de su espalda y apoyando la cabeza
en su vientre. Casi de modo inaudible, para no perturbar con su sonido el denso
y viciado aire que todavía rellena la habitación, de sus labios se despoja un “lo
siento” rebosante de sinceridad, que muere entrecortado entre sollozos y
suspiros en común.
El calor de la tarde se apacigua
y la ventana deja entrar una luz perezosa, perdido ya el sol tras la colina en
la que tantos días jugaron a intercambiar sus corazones. Hoy han caminado
descalzos sobre el agudo filo de la soledad, bordeando de nuevo territorios
inhóspitos en los que la palabra “amor” ha sido desterrada; hoy el fantasma de
la derrota ha sobrevolado sus cabezas, ensombreciendo con su cruel silueta cualquier
solución desesperada. Hoy termina el día con una boca buscando a la otra,
deseosa de reparar con creces el daño impartido con cada una de las palabras. El
“hoy” echa de menos al “mañana” deseando que pasen las horas consumidas en
común, cobijados bajo una pasión sin límites, producto de los momentos de tensión
acumulada. El pasado reciente es sepultado bajo el enorme peso de una caricia. Lo que suceda a partir de ahora, al menos hasta el próximo
enfrentamiento, no importa…
30 de abril de 2013
"DESPEJANDO LA X"
Hoy es un día especial para mí, porque me han comunicado que he ganado un premio en un concurso literario. Había participado en el IV Concurso de Microcuentos organizado por El Corte Inglés con uno titulado "Despejando la x" y he obtenido el segundo premio, lo cual me hace una ilusión especial, más que nada por ser la primera vez que alguna creación salida de mis neuronas es premiada, sea de la manera que sea...
Total, que no podía resistirme a publicarlo en el blog y compartir este pequeño relato con todos vosotros. Espero que os guste!
El IV Concurso de Microcuentos de
El Corte Inglés ya tiene
GANADORES
2013 es el “Año Nacional de las Enfermedades Raras”. Es el “Año de la Serpiente”, según el calendario chino. Y también es el
“Año de las Matemáticas del Planeta Tierra”. 124 trabajos presentados. ¿Quién resultará premiado?
¡Enhorabuena y gracias a todos por participar!
2º PREMIO
“Despejando la x”
MIGUEL ÁNGEL DÍAZ FUENTES
Con esa exactitud tan característica de la ciencia me mostraste tus conclusiones al respecto: el número pi de mi cariño tenía demasiados decimales para tu calculadora manera de afrontar nuestra relación. Pero mi corazón latía al ritmo de la raíz cuadrada de tu sonrisa, elevado al cubo de tu mirada. Te quería con la fuerza gravitatoria de un agujero negro, pero no me quedó más remedio que despejar la incógnita de la ecuación, en la que esa x misteriosa tenía otro aspecto y otro nombre que nos dividió por la mitad. Quizás el tiempo, tan relativo, te ayude a comprender que todavía no es tarde…
Publicado por
MIGUEL DÍAZ
a las
23:00:00
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29 de abril de 2013
TURBO
Turbo es la próxima película de animación de los estudios Dreamworks Animation, distribuida por 20th Century Fox, cuyo estreno está programado para Julio de este año. Se basa en una idea original de David Soren, que es también el director de la película. Nos cuenta la historia de un caracol de jardín ordinario, cuyo sueño de convertirse en el caracol más rápido del mundo se hace realidad. Junto con Ryan Reynolds, quien interpreta al personaje principal, la película también cuenta con la voces de Paul Giamatti, Michael Peña, Luis Guzman, Bill Hader, Richard Jenkins, Ken Jeong, Michelle Rodriguez, Maya Rudolph, Snoop Dogg y Samuel L. Jackson.
Aquí os dejo el tráiler para que podáis juzgar por vosotros mismos...
11 de abril de 2013
PASIONES
Despierto en plena madrugada con
el peso de mis recuerdos sobre la cama, cuando toda la casa respira silencio y
apenas se oyen las gotas de lluvia que pintan trazos húmedos en mi ventana. Tu
ausencia perfuma la habitación y yo trato en vano de desprenderme de una
soledad que me agrieta el alma a cada minuto, aplastando mi sosiego al invocar
tu último abrazo.
El tiempo se ha quedado
suspendido entre las sábanas, inmovilizado por la pasión que inundó las horas
de la noche anterior. Sigo recordando el deseo que se desprendía de tu mirada,
que me devoraba el alma segundo a segundo, mientras susurrabas un “te quiero”
con cada beso. Consumimos la noche a bocados, mordisqueando su quietud con
jadeos y frases entrecortadas, hasta que el cansancio se adueñó de nuestros
cuerpos, para compartir sueños y esbozar futuros entrelazados.
La tormenta es cada vez más
intensa y no se me ocurre otra cosa que no sea recorrer tu cuerpo, trazando con
mi lengua caminos al azar que cruzan tu geografía de punta a punta. Y mientras,
dosificas tus caricias para incrementar mi fragilidad, al tiempo que tu voz me
posee y de tus labios se desprende un “eres mío” que destroza mis miedos y me
transporta lejos, muy lejos, en una montaña rusa de emociones atropelladas.
Vuelvo a recostarme con los ojos
cansados de no respirar tu sonrisa, de no poder recurrir a tu boca, de no ser capaz de descifrar el sensual lenguaje de tu cuerpo desnudo. Tras un último vistazo al
reloj y a la ventana, desde la que se contempla la quietud de una ciudad que nunca
duerme por completo, trato de recuperar las horas de sueño que has robado de mi
cama. Un lugar que todavía no se ha repuesto de la agotadora batalla que
compartimos durante la noche anterior; una lucha descarnada y ardiente, en la
que nuestras pasiones dejaron un único prisionero, mi corazón, que ahora vive
la felicidad alojado bajo la protección de tu pecho.
Hoy te esperaré ansioso, rebajando
cada segundo hasta el momento de tenerte de nuevo al alcance de un suspiro, para
dibujar trazos de ardor bajo tu ropa y sincronizar nuestros latidos traspasando
el límite de velocidad que marquen las curvas de tu cuerpo. Hoy volverás al que
siempre ha sido tu refugio, tu guarida: hoy volverás a mí…
3 de abril de 2013
CALUMNIAS
Se resistía a reconocerlo, pero
no tuvo más remedio que aceptar lo que ya era un hecho: la evidencia había
conseguido por fin vencer esa guerra, tras varias batallas encarnizadas
enfrentada a las mentiras y el auto-engaño. Al final, la tinta que corría por sus
venas se había estancado, paralizada ante la difícil controversia de tener que
reflejar una falsedad que pesaba más que su propia existencia. Cansado de
sonreír hipocresías y de soportar jornadas llenas de fingimiento, empequeñecido
ante el avasallador reflejo de su propia frustración, había decidido poner fin
a ese conjunto de sentimientos que se disfrazaban bajo el nombre del amor y el
apellido de la pasión.
No habría más escritos ni novelas; no saldría de su mente ninguna otra historia sentimental, se acabarían las
palabras sedosas y las frases conmovedoras. No podía escribir acerca de algo
tan lejano e intangible en esos momentos para él; hacerlo suponía perpetuar una
farsa, falsificando párrafos llenos de calumnias que manchaban las páginas con
su cinismo. Aunque, bien pensado, se había ganado la vida así durante muchos
años, relatando vivencias, inventando personajes y plasmando situaciones, no
siempre basadas en la realidad ni en su experiencia. Para ser sincero, en eso
consistía de alguna manera escribir: hacer que los lectores se creyesen lo que
está sobre el papel, interpretándolo a su modo y disfrutando del contenido,
aunque éste no tenga nada que ver con la realidad ni con la vida del que lo
escribe. Pero ahora ya no era capaz de continuar; no en esa situación tan
precaria, cuando el propio amor lo había abandonado y el romanticismo agonizaba
víctima del egoísmo y la desconfianza.
Quiso escribir un breve cuento a
modo de despedida; un texto lleno de resentimiento, unas cuantas hojas que sirvieran
para vaciar su rabia y volcar todo su rencor ante una situación que era
demasiado dolorosa como para no repercutir en sus palabras. Ni siquiera fue
capaz de obtener dos líneas; su mente se había bloqueado y el papel, tras media
hora de esfuerzo, seguía tan blanco como al principio. Algo muy significativo
cuando incluso el desamor no era capaz de inspirar un relato…
Resignado ante su evidente
carencia intelectual salió a la calle para refrescar su enojo. Caminó calle arriba,
con la esperanza de volver a casa desprendido de la angustia que suponía asumir
el final de un ciclo, o al menos aceptar la posibilidad de enfocar sus pasos en
una dirección inédita. Sentado a la mesa de una cafetería, tras una sosegada
reflexión, pidió permiso al camarero para echarle un vistazo al periódico del
día. Revisó brevemente la portada y se dirigió sin más a la sección de ofertas
de empleo. La decisión estaba ya tomada.
25 de marzo de 2013
UN DÍA PERFECTO
En el día más maravilloso de todos, no existiría el rencor
ni los celos y por la mañana ella lo estrujaría entre sus brazos, susurrando un
“buenos días, mi amor” que haría
tambalear los cimientos del edificio.
En el día más perfecto de todos, no habría necesidad de
acudir al trabajo y tras un desayuno saboreado como si del último deseo antes
de morir se tratase, se irían de compras cogidos de la mano comentando lo
entretenida que había sido la película del día anterior.
En el día más encantador de todos, se buscarían con la
mirada como un niño que, temeroso del mundo a su alrededor, sujeta con fuerza
el brazo de su madre y no la pierde de vista. Su compañía sería para siempre,
pues así lo delatarían sus besos y sus abrazos.
En el día más feliz de todos, volverían a casa con muchos regalos
y bolsas repletas de comida. Él se pondría a preparar la cena, mientras ella se
estaría probando ese vestido negro que tanto habían buscado. Ni el espejo más
perfecto sería capaz de reflejar tanta belleza.
En el día más sincero de todos, sus “te quiero” arrancarían pedazos del otro corazón; se acostarían
temprano, sin mirar siquiera la hora, para hacer el amor convencidos de que
toda la pasión concentrada sobre la cama sería capaz de congelar el tiempo.
Pero el día más bonito nunca ha llegado y de tanto llorar él
se ha convencido de que el mar es salado porque lo componen sus lágrimas. No
puede aspirar a tanta felicidad, porque ni se le permite observarla a través
del ojo de la cerradura, en ese cuarto inaccesible en el que la tristeza la ha
encerrado. No tendrá casa, ni regalos, ni nadie que le discuta argumentando que
esa camisa no va bien con ese pantalón nuevo, ni “buenas noches”, ni por supuesto “buenos días”.
Por eso, muchas veces sueña con ese día tan magnífico como
irreal y piensa que sin ella no vale la pena vivir en este Universo. Un enorme
vacío de galaxias, estrellas y materia oscura que solamente detiene su expansión
cuando ella respira a su lado.
20 de marzo de 2013
TE REGALO UNA SONRISA
6 de marzo de 2013
A SU LADO
Había aprendido a manejar sus
sueños para que apareciese en ellos cuando la echase de menos: tal era la
habilidad que consiguió desarrollar a base de recordarla, de repasar mentalmente
cada una de sus facciones, de mantenerla presente cada día de su vida. Tenía muchos
motivos para no olvidar a la mujer que le había hecho feliz y conservaba grandes esperanzas de que
siguiese formando parte de su futuro, porque no era capaz de imaginarse otro
año sin ella a su lado. En cambio, la realidad se empeñaba en demostrarle que
iba a ser muy complicado revivir aquellos momentos compartidos; una época
imborrable que bullía incansable en su mente, a pesar del tiempo recorrido por
el solitario camino de la nostalgia.
Los meses en soledad pasaban
lentos y ella se mantenía siempre presente en sus pensamientos: cuando se
levantaba, en el coche al escuchar esa canción tan especial, al revisar el menú
del restaurante, cuando veía una película o leía un libro… Había tantos
momentos que reactivaban sus recuerdos, que no acertaba a diferenciar lo real de
lo ficticio. Ya iba siendo hora de asumir la realidad y poner los pies en el
suelo; era el momento de afrontar que ella no iba a volver. Mientras se vestía,
vino a su mente la imagen de su rostro, sonriente y lleno de vida: un compendio
de expresiones que conformaban una imagen alegre, aderezada por su tierna
manera de acariciarse el pelo cuando se concentraba en algo interesante. Podía
completar una colección de sonrisas en una sola tarde, con la seguridad de
compartir con todo aquel que participase en su conversación la pasión y el
interés que demostraba por el tema más inverosímil. Sin darse cuenta, estaba de
nuevo colgado de su añoranza…
Salió del garaje y mientras
conducía calle abajo contempló la cafetería en donde su primer beso dejó una
cicatriz imposible de reparar. En aquella mesa, ante un par de cafés y una hora de conversación, se asomó a su mirada y comprobó que compartían los mismos sueños. Esa
misma noche descorcharon el deseo y se bebieron mutuamente entre caricias y
gemidos. A partir de ese día fue prisionero de su cariño, mientras trataba de
alcanzar las estrellas desvelado por sus besos. Ahora parecía encontrarse a
años luz de ese universo de afecto y pasión, navegando sin rumbo camino a un
lugar desconocido.
Tras un breve paseo enzarzado con
el silencio llegó frente a la lápida que arrojaba las dos fechas obligatorias
en la vida de cualquier ser humano. Hubiera cambiado sin dudarlo su nombre por
el que estaba esculpido en aquella piedra, fría y oscura. Hubiera padecido mil
veces más dolor que el que ella sufrió durante su mortal enfermedad. Se hubiera
arrancado la piel a tiras si con ello pudiera conseguir que estuviera de nuevo allí, regalándole un
abrazo… Pero nada de eso iba a cambiar esa realidad que gritaba sigilosa,
vomitando el hecho de que ella se había ido para siempre.
Con las manos temblorosas
depositó un pequeño ramo de flores, acompañado por un beso, que contenía en su
interior todo el amor que había acumulado durante ese año en el que los ojos se
le habían llenado de lágrimas; unas lágrimas llenas a su vez de rabia e
impregnadas de un sabor a pérdida y a fracaso. Un sentimiento dañino e
invencible, desde el que el otoño se había llevado su sonrisa, transformando su vida en un invierno permanente y desolador.
3 de marzo de 2013
ELOGIO DE LA LENTITUD
Carl Honoré (Escocia, 1967) es un escritor, periodista y comentarista afincado en Canadá, gran defensor del movimiento slow. Ha escrito en un gran número de diarios y revista, entre ellos The Economist, The Observer y NationalPost. Su primer libro, Elogio de la lentitud, se ha traducido a 30 lenguas y es todo un éxito de ventas. Aquí os dejo el enlace para los que quieran leer un fragmento de este libro, pero este párrafo me ha llamado la atención especialmente:
"Rápido equivale a atareado, controlador, agresivo, apresurado, analítico, estresado, superficial, impaciente y activo; es decir, la cantidad prima sobre la calidad.
Lento es lo contrario: sereno, cuidadoso, receptivo, silencioso, intuitivo, pausado, paciente y reflexivo; en este caso, la calidad prima sobre la cantidad. La lentitud es necesaria para establecer relaciones verdaderas y significativas con el prójimo, la cultura, el trabajo, la alimentación..., en una palabra, con todo.
La paradoja es que la lentitud no siempre significa ser lento. Como veremos, a menudo realizar una tarea con lentitud produce unos resultados más rápidos. También es posible hacer las cosas con rapidez al tiempo que se mantiene un marco mental lento. Un siglo después de que Rudyard Kipling escribiera acerca de mantener la cabeza en su sitio, mientras cuantos te rodean pierden las suyas, la gente está aprendiendo a mantener la serenidad, a conservar un estado de lentitud interior, incluso mientras se apresuran para terminar una tarea en la fecha fijada o llevar a los niños a la escuela sin ningún retraso"
A veces tenemos que tomarnos las cosas con más calma, algo en lo que también me incluyo, pues la frase más utilizada en nuestro día a día es siempre algo parecido a "no tengo tiempo...", "voy fatal de tiempo...", "no me va a dar tiempo..."
Hay una frase de Frida Kahlo relacionada con este tema que también quiero incluir en esta entrada, para reflexionar al respecto: "Cada tic tac es un segundo de la vida que pasa, huye y no se repite. Y hay en ella tanta intensidad, tanto interés, que el problema es solo saber vivirla. Que cada uno lo resuelva como pueda"
23 de febrero de 2013
VIVIR SIN TI
Otro día
frente al inquietante espejo
tratando de renunciar sin éxito
a la necesidad de sentirte cerca
Lazos de atracción inmovilizan mi orgullo
promesas de un futuro que ya debió ser
bloquean decisiones hasta hoy nunca tomadas
Sigo cayendo en tus viejas trampas
necesitado de tu atención
que oscila azarosa entre el interés y la desgana
tratando de renunciar sin éxito
a la necesidad de sentirte cerca
Lazos de atracción inmovilizan mi orgullo
promesas de un futuro que ya debió ser
bloquean decisiones hasta hoy nunca tomadas
Sigo cayendo en tus viejas trampas
necesitado de tu atención
que oscila azarosa entre el interés y la desgana
Adicto a
tus juegos, con los que consigues
devaluar mi orgullo y descolocar mi cariño
sin tregua para comprender
el huracán de tus emociones
Bajo al sótano de la renuncia
intentando en vano cobijar mi corazón
del viciado influjo de tus palabras
Una tarea inútil tras regresar a tus labios
que borran humedecidos el temor de mi soledad
para hacer que vuelva a la prisión más anhelada
ésa que limitan tus cálidos abrazos
De nuevo dependiente
de una mirada llena de mil palabras
desgarrando mi alma con cada lágrima
Ardiendo en el fuego de una sonrisa dañina
consumido por caprichos banales
vendido por un puñado de caricias
para acabar con más sed de ti en mi boca
Inútil pretender olvidarte por entregas
ganando horas a los minutos
Inútil rescatar el juguete de mi independencia
mientras enredas tu pelo en mi desconfianza
al tiempo que me regalas una sonrisa
suficiente para retrasar de nuevo el mundo
Tan cerca de tu gran fortaleza
como alejado de tu incierto mañana
No comprendes que mi solicitud
se hunde en la profundidad de tu desidia
a sabiendas de que cuanto más débil me hago
mayor es tu victoria en este juego sin reglas
devaluar mi orgullo y descolocar mi cariño
sin tregua para comprender
el huracán de tus emociones
Bajo al sótano de la renuncia
intentando en vano cobijar mi corazón
del viciado influjo de tus palabras
Una tarea inútil tras regresar a tus labios
que borran humedecidos el temor de mi soledad
para hacer que vuelva a la prisión más anhelada
ésa que limitan tus cálidos abrazos
De nuevo dependiente
de una mirada llena de mil palabras
desgarrando mi alma con cada lágrima
Ardiendo en el fuego de una sonrisa dañina
consumido por caprichos banales
vendido por un puñado de caricias
para acabar con más sed de ti en mi boca
Inútil pretender olvidarte por entregas
ganando horas a los minutos
Inútil rescatar el juguete de mi independencia
mientras enredas tu pelo en mi desconfianza
al tiempo que me regalas una sonrisa
suficiente para retrasar de nuevo el mundo
Tan cerca de tu gran fortaleza
como alejado de tu incierto mañana
No comprendes que mi solicitud
se hunde en la profundidad de tu desidia
a sabiendas de que cuanto más débil me hago
mayor es tu victoria en este juego sin reglas
Libérame de esta maravillosa condena
dame alas para volar a ese lugar
donde no me consuma tu sensual presencia
Y elegiré el camino menos doloroso
sorteando tus viejas trampas
para evitar que retorne a la droga de tus besos
Tendrás que darte prisa, aléjate más si cabe
antes de que te conquiste por sorpresa
Destiérrame, repúdiame, sé tú misma
niega tu deseo, apaga el brillo de esta locura
hasta que no dejes rastro de mi amor
sobre tu suave y deseada piel
Tan sólo te pido un último beso
un segundo de placer ilusionado
que me aliente en tan oscuro camino
El camino de vuelta a mí mismo
tras tanto tiempo viviendo de alquiler
entre los recovecos de tu cuerpo
20 de febrero de 2013
PAPER WAR
“Paper War”, animación creada por estudiantes universitarios de comunicación en China. Un proyecto que combina stop motion clásico y 3D. ¡Se realizó en nueve meses de trabajo! Muy original y entretenido...
16 de febrero de 2013
VUELVE PRONTO
El trayecto en el avión se había
hecho más pesado que de costumbre. Tres horas encerrado en un cilindro
presurizado, a once kilómetros de altura, con el espacio mínimo para encajar
las piernas y acomodarse a duras penas en un asiento "talla infantil",
que permitía una movilidad similar a la que te proporciona una camisa de
fuerza; sobre todo cuando, como en su caso, el pasajero tenía una estatura
considerable. Al menos había podido dormitar un rato, vencido por el cansancio
y arrullado por el constante rugir de los motores de la aeronave. La noche
anterior había sido especialmente intensa y el sueño acabó por vencer su
resistencia, sumergiéndolo en una neblina de recuerdos, de entre los que
destacaba uno en especial.
Ella era una mujer atractiva, enamorada de su trabajo y adicta a esos pequeños placeres destinados al entretenimiento que la vida te ofrece; la música, el cine y la lectura ocupaban gran parte de su tiempo de ocio, por otra parte bastante escaso. Fue precisamente en una librería en donde conoció a aquel hombre, entre novedades literarias, libros de relatos y grandes clásicos. Ambos escrutaban la misma sección de libros, a la busca y captura de esa novela por la que llevaban tanto tiempo esperando, cuando sus cabezas inclinadas para leer los títulos verticales casi colisionaron, concentradas como estaban en su labor de investigación. A partir de ahí, de ese encuentro tan fortuito como oportuno, se entabló una conversación que continuó en una cafetería adyacente, donde entre sonrisas y varios cafés se pusieron sobre la mesa temas comunes, anécdotas y alguna que otra mirada que delataba la posibilidad de extender ese rato tan agradable compartiendo un almuerzo o una cena. Esta segunda opción tenía más posibilidades de éxito y ambos decidieron darse una segunda oportunidad, bajo el influjo de un par de copas de vino y con la complicidad de la noche como testigo.
Seguía saboreando todavía su piel
y emborrachándose de ese olor floral tan característico de su perfume, mientras
de fondo escuchaba un murmullo lejano, en forma de retahíla de datos sobre
altitud, velocidad y hora de llegada: la voz distorsionada del piloto a través
del micrófono lo había despertado del superficial sopor que mantenía desde
hacía media hora. Tenía una contractura en el cuello y una de las partes
metálicas del asiento delantero se le había clavado en la rodilla, pero la
sensación con la que volvió a la realidad del vuelo era bastante agradable:
durante el sueño había revivido de nuevo la noche anterior, desde la cena con
ella en el restaurante hasta el último beso, sosteniendo la puerta del ascensor
de su casa para prolongar un par de segundos más ese maravilloso encuentro.
Intentó cerrar de nuevo los ojos para volver atrás unas horas, tratando de perderse
de nuevo entre las sábanas para derrochar caricias entre gemidos entrecortados,
pero un oportuno codazo del pasajero que viajaba a su lado supuso la conclusión
definitiva de su imaginaria aventura. Todavía quedaba al menos una hora para
aterrizar y trató de consumirla escuchando un poco de música.
El avión había llegado a su
destino y él accedió a la sala de equipajes dispuesto a esperar un buen rato
hasta la aparición de su maleta. Un zumbido en el bolsillo del pantalón le
recordó que su teléfono móvil ya se encontraba operativo tras el obligado
“silencio” aéreo. Un mensaje aceleró su corazón a medida que leía las palabras
que lo componían: “Llevo toda la mañana recordando tus labios; he pasado una
noche tan intensa y especial contigo como no recuerdo otra en toda mi vida. Has
dejado cicatrices de placer por todo mi cuerpo y no veo el momento de que
regreses de ese viaje tan inoportuno, para volver a experimentar la sensación
de estar perdida en medio de un paraíso que solamente tú y yo compartimos.
Espero tu llamada…”
Recogió la maleta y caminó
exultante hacia la salida, con una sonrisa permanente en su rostro y una imagen
esculpida a base de recuerdos inolvidables en su mente. Era la de aquella
mujer, susurrando a su oído palabras incandescentes mientras lo abrazaba con
todas sus fuerzas, aprisionando su voluntad hasta el último suspiro. Y mientras
respondía a su mensaje poniendo el alma en cada letra, consideró muy oportuno
adelantar su billete de vuelta. Al fin y al cabo, no podía resistir tantos días
sin volver a sentirla cerca y en aquella ciudad ya no quedaba nada más que el
vacío de su ausencia.
14 de febrero de 2013
"NÍTNELAV NAS" (SAN VALENTÍN AL REVÉS)
Fue en Febrero, pero no recuerdo bien el día porque he
tratado de olvidar, aunque no lo consigo por completo. Es
posible que por San Valentín… Puede ser, porque escogiste el momento más adecuado para
mostrar tu sinceridad y tu falta de compasión,
poniendo fin a una historia que no tenía por qué haber acabado
de esa manera. Lo único que recuerdo es que tu corazón se convirtió en piedra,
destrozando el mío con su indiferencia y su frialdad y haciendo añicos, de
paso, todo el simbolismo de ese día tan almibarado como comercial.
Sigo preguntándome qué te sucedió: qué o quién
transformó esa dulzura, para amargar tu carácter y abandonar mi cariño,
dejándolo a la intemperie sin el abrigo de tus besos. Cómo fuiste capaz de
olvidar que estabas enamorado de alguien
que siempre luchó por ti, cuánto tiempo transcurrió hasta que borraste mi
sonrisa de tu corazón, dónde dejaste olvidado tu amor y tu deseo. No pudo haber
sido tan repentino: no se vacía en un día el agua del mar...
Han pasado ya dos años y hoy vuelvo a estar en ese
lugar en el que tus palabras arrancaron trozos de mi alma; esa calle en la que
nos vimos por última vez. Este año también pasaré un 14 de Febrero nada
convencional, seguro. Quedan las ruinas, permanece el poso de un episodio
desagradable y lleno de misterio, que te llevó a escoger un camino por el que
nunca tenías que haber pasado. Y sigo sin entender qué faltó, cuántos errores
pude haber enmendado, cómo debí tratarte para no merecer al final la recompensa de tu
desprecio. No vale la pena darle más vueltas
al asunto: nunca lo sabré e intuyo que nunca me lo dirás.
No tengo tu móvil y desconozco en dónde te encuentras.
Pero me quedaba tu dirección de correo electrónico, perdida en alguna página de
la libreta de contactos. Por eso me he decidido a mandarte este e-mail,
deseándote que disfrutes de este día: un San Valentín tan solitario,
decepcionante e inútil como el que me has hecho pasar a mí desde que decidiste tirar por la
borda nuestra vida en común.
Feliz día, "amorcito"
6 de febrero de 2013
RENCOR
Todos los días se repite la
historia: nunca es lo adecuado, no es suficiente con el esfuerzo, nada que
intente es de su agrado, “correcto” no existe en su vocabulario, todo supone un
inconveniente y el principal culpable es siempre el mismo: o sea, yo.
Reproches, caras largas, discusiones e insatisfacción: una mezcla explosiva que
está consiguiendo que me desgaste por momentos, consumido por su rencor; un
esperpento insaciable, que aniquila cada gramo de cariño y destroza la poca admiración
que todavía siento por ella.
Buceo en la profundidad de mi
memoria y no consigo recordar ninguna ocasión en la que se haya sentido orgullosa
de mí. Ni siquiera tuvo la delicadeza de mostrar un ápice de felicidad cuando
obtuve aquella beca tan importante. Y qué decir acerca de la publicación de mi
libro: cualquiera se hubiera sentido orgulloso ante el premio que me
concedieron a los pocos meses de su existencia. Excepto ella, siempre “del otro
lado” con sus reticencias y sus desprecios. Así una y otra vez con tantos y
tantos logros, metas alcanzadas y objetivos cumplidos. No soy digno de sus
alabanzas ni merezco su aprobación…
Mentiría si le dijera que toda
esta humillación no me ha afectado y no le doy importancia; al contrario, ha
conseguido que desconfíe hasta de mi sombra, con el pesimismo oprimiendo mis
movimientos y el peso de la falta de autoestima colgando de mi cabeza.
Desconozco cuántas veces he intentado complacer sus exigencias, ofrecer lo mejor
de mi carácter para aplacar su desazón, enfatizar mis aciertos a base de
reparar los fallos… Pero nada es suficiente para doblegar su orgullo y mostrar
una chispa de entusiasmo; el resentimiento ha echado raíces en su corazón,
reafirmando el concepto negativo que posee sobre mí: una idea infame que día
tras día se enquista en su interior, escondida entre más y más capas de rabia.
Ya no hay vuelta atrás: esta
noche voy a escribir el último capítulo de nuestra vida en común. En cuanto se
duerma, saldré por esa puerta rumbo a cualquier parte, sin dejar rastro de mi
vida en esta casa. Una última visita a la cocina para dejar abierta la llave
del gas y poder marcharme, con la convicción de que en algún momento encenderá
un interruptor en medio de la noche. Un final “explosivo”, como ella se merece.
Y es que su rencor me ha conquistado, lamiendo con su aversión las heridas que
ella misma causó con el paso del tiempo. Es lo que tiene la convivencia: al
final todo se acaba pegando…
4 de febrero de 2013
¿TE ATREVES A SOÑAR?
Me ha gustado mucho este vídeo y el mensaje que transmite. Ojalá no perdamos esa capacidad para soñar que habita de manera original en todos nosotros...
Desde pequeños todos sabemos soñar. Dormidos y despiertos. Gracias a la potencia de nuestra imaginación creemos que somos capaces de cualquier cosa. Sin embargo, según crecemos perdemos esta maravillosa capacidad que luego tanta falta nos hace en la vida a la hora de ser creativos, de innovar, de cambiar nuestras vidas y de transformar nuestras empresas. Te invitamos a que te atrevas a soñar otra vez, a desafiar tu zona de confort, y a que disfrutes del placer de convertir tus sueños en realidad. ¿Te atreves a soñar?
27 de enero de 2013
"PEQUEÑO GRAN AMOR"
El sábado amaneció lluvioso y
frío, con un color oscuro que tapizaba de manera sombría todas las habitaciones
de la casa. Tras varios días intentando retrasar la inevitable tarea, Rafael decidió
que el fin de semana era un buen momento para enfrentarse a la limpieza del
trastero. Demasiadas cajas repletas de demasiados recuerdos en su interior,
dispuestos a ser eliminados de manera definitiva. Quién sabe si entre todo
aquel desorden y polvareda pudiera reaparecer algún tesoro que en su día tuvo
su protagonismo, para después ser desterrado al cuarto oscuro del hogar y de la
memoria. Una posibilidad remota pero factible, que facilitó no demorar más
aquel cometido.
Álbumes de fotos, ropa, libros,
revistas, juguetes, adornos y otros cachivaches dañados por el paso del tiempo
se agolpaban en una estantería que ocupaba gran parte de la pared del fondo,
conservando a duras penas la utilidad y la necesidad de la que un día se
sintieron tan orgullosos. Ahora no eran más que objetos olvidados en la negrura
de un sótano, con elevadas posibilidades de terminar en un contenedor de basura
para desaparecer de manera definitiva de la vida de aquella casa. Por un
momento, sintió el impulso de volver y dejarlo para otro día, pero ya había
contemplado la anarquía que reinaba en ese lugar.
No se lo pensó dos veces; protegió
sus manos con unos guantes y avanzó entre el caos, decidido a deshacerse de
gran parte del contenido de aquel cuartucho. No había amontonado más que cuatro
grandes cajas cuando vislumbró otra, más pequeña y de latón, que mostraba en su
tapa un pequeño letrero ennegrecido por la suciedad y los años. En él se podía
leer la palabra “MÚSICA” con grandes letras de color verde. Enseguida identificó
aquella caja metálica, recordando que en su día fue el lugar en el que depositó
varias cintas de cassette; esas
reliquias musicales tan utilizadas en su adolescencia que, desplazadas por la
irrupción de los discos compactos, nunca volverían a ser escuchadas. Ya no
tenía sentido mantenerlas a mano, cuando ni siquiera los automóviles disponían de un reproductor adecuado para disfrutar de su música.
Limpió el polvo que cubría la
caja y la destapó con mimo. Dentro, ordenadas de manera cuidadosa, figuraban
las cintas con un nombre visible en cada una de sus cajitas de plástico negro.
Repasó los títulos y sus ojos se posaron en una en concreto: “Verano 87” Una recopilación de varias
canciones que, en aquel año, alguien se había dedicado a juntar. Revisó el
contenido musical con gran curiosidad y descubrió que algunos títulos eran
todavía conocidos, pero otros habían sido olvidados con el paso de los años y
no evocaban ningún recuerdo en especial.
Un hallazgo de ese calibre no
podía esperar; cerró la puerta del trastero con la caja bajo el brazo y subió
impaciente a su domicilio acompañado de un presentimiento extraño. Recordó que
guardaba un radio-casette perdido en
algún armario de la casa, lo que le permitiría escuchar aquellas cintas que se
habían quedado marginadas por el progreso. No tardó mucho en encontrar aquella
herramienta del pasado, que dormitaba en el fondo de un cajón, tan inservible como arrinconada con el paso de los años. Para su alegría, comprobó que todavía funcionaba al
enchufarlo a la red. Introdujo la cinta en su lugar correspondiente y apretó el
botón de “PLAY” con fuerza. Tras unos segundos de silencio “sucio”, repleto de
ruido de fondo, comenzó a sonar una canción que no figuraba en los títulos del
papel. Al principio se escuchaba el mar, con olas
suaves que poco a poco iban introduciendo la entrada de la música. En cuanto
aparecieron las primeras notas, Rafael sintió un vacío en el estómago seguido de
un flash de recuerdos y cientos de imágenes que se fundieron en su cerebro,
pasando tan rápido una tras otra que incluso se hacía complicado escuchar la
música. No importaba; se sabía la letra de memoria. Todos esos años había
estado aletargada en alguna parte de su cabeza, esperando a ser escuchada de
nuevo para despertar de entre la maraña de sonidos almacenados en su pasado. Y
cuando esto ocurrió, experimentó una sensación muy agradable y llena de
nostalgia.
Recordó esa canción sonando en su
cabeza en un verano especial, tumbado en una playa con los ojos cerrados y el rostro
de aquella chica grabado a fuego en su memoria, esperando ansioso a volver a
verla tras unos días vertiginosos, en los que había descubierto lo que
significaba el verdadero amor; ese monstruo maravilloso que te arrebata la
voluntad y te obliga a alimentarlo con el recuerdo de la otra persona, hora
tras hora, sin ninguna otra obligación que no sea vivir tu vida a cada minuto
esperando a compartirla con alguien que te ha robado el corazón y la
conciencia. Recordó haberse olvidado del mundo que le rodeaba, sumergido
gracias a unos auriculares que no dejaban de reproducir la canción ideal, la
melodía que le hacía pensar en ella, la música que encogía su alma y le
permitía pensar, por un instante, que ya quedaba menos para volver a sentir sus
labios.
Rafael escuchó toda la balada con
los ojos cerrados, sentado en el sofá con las manos tapándole la cara. La
música seguía completamente asociada a la persona y, estrofa tras estrofa, su
silueta se dibujaba en el interior de su cabeza como si ella estuviera delante
de él en aquel momento. Nunca un estímulo musical había supuesto una evocación
tan intensa de su pasado.
Las notas inundaban la estancia,
impregnando el salón de un sonido de su juventud que ya estaba lejos en
el tiempo, aunque no así en la memoria. En esa atmósfera de añoranza
sobrevolaban recuerdos y sensaciones pasadas difíciles de recuperar: un joven
inexperto, enamorado hasta las trancas
de aquella niña que había despertado en él emociones indescriptibles hasta ese
momento, conquistando su corazón y dejando en él una huella que duraría para
siempre. El título de la canción no podía describir mejor lo que ocurrió
durante aquel verano: un momento mágico en el que disfrutó, vivió y descubrió a
su “Pequeño gran amor”
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