29 de septiembre de 2013

CON LA MAREA


A grandes zancadas sobre las olas, con los tobillos mordisqueados por la intensa frialdad del océano y dejándose envolver por ese olor tan reconocible de la brisa, mezcla de algas y salitre. De esa manera solía pasear por la playa, en soledad, sin importarle lo más mínimo el día ni la estación del año.

Encontraron su cuerpo al amanecer, un oscuro día de otoño. El mar la había devuelto a la costa, cerca del acantilado en el que el agua, encrespada y violenta, descargaba su furia contra las rocas. Incluso el murmullo de la espuma sobre la arena parecía insinuar cuánto la echaba de menos…

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