21 de abril de 2011

EN UNA NOCHE

“La noche se me está haciendo interminable. Si al menos pudiera hablar para decirles lo que me duele…” Tumbado boca arriba en su cama, la del cubículo 7, lo único que Mario podía hacer por sí mismo era pensar. La suerte le había abandonado hacía escasamente 24 horas, cuando un exceso de alcohol y velocidad se llevó por delante a su coche, que transitaba pausadamente de vuelta a casa tras una jornada de discusiones, desencuentros y decepción, ajeno al desgraciado giro que le depararía el destino.
El resultado había sido devastador: un fogonazo de luces en su cerebro, seguido por un golpe brutal que hizo saltar en mil pedazos cristales y consciencia. Un dolor insoportable durante un intervalo muy corto y luego, la oscuridad y el silencio más absoluto. Lo siguiente que vieron sus ojos fue la luz blanca e intensa del techo de un lugar desconocido, que olía a antiséptico y cuya banda sonora era un enjambre de pitidos y alarmas completamente novedoso para él.
No había podido comunicarse todavía con el resto del mundo, pero el entorno y las conversaciones del personal se encargaron de confirmar algo que ya sospechaba:  extendido sobre una cama articulada, con un cuerpo extraño en su garganta y el resto de su anatomía jalonada de tubos, drenajes y sondas. La muerte le había concedido una segunda oportunidad, pero el precio impuesto para disfrutarla era un calvario de varias jornadas tratando de ser dado de alta de aquella unidad.
Trató de moverse, intentó gritar, pero todo era en vano. Agotado, se dejó llevar por el cansancio y de manera lenta, cayó en un sueño tranquilo y reparador. Un susurro y la caricia familiar de una mano en su cara le hicieron estremecerse, haciendo saltar la alarma que vigilaba impasible los límites de su frecuencia cardíaca: “Ya estoy aquí, mi amor. Prometo que esta vez no voy a irme ni a permitir que te vayas… Olvida lo que te dije y déjame volver a empezar”
El monitor de sus constantes vitales era un manojo de nervios y cifras parpadeantes, pero la única respuesta que ella percibió de aquel cuerpo inmóvil fue una pequeña lágrima que resbaló por su mejilla, encontrando el orificio auditivo como final del trayecto. “Yo también he decidido quedarme… ahora que siento que has vuelto”, pensó mientras su dolor disminuía de manera considerable.
Al cabo de treinta y dos días de batalla encarnizada contra cirugías necesarias, infecciones oportunistas y complicaciones inesperadas, el corazón de Mario anunciaba que dimitía y renunciaba a seguir desempeñando su trabajo en aquellas condiciones tan adversas. Ella nunca más se perdonó haber dejado que se fuera de su casa aquella noche, con el amargo sabor en la boca de una ruptura, tras una cena en la que el silencio y la desgana fueron los principales invitados. La noche en la que, al otro lado de la ciudad, otra pareja celebraba su aniversario y decidió, tras un exceso de alcohol y apurando los límites de velocidad, no llegar nunca a su destino tras cruzarse en el camino de Mario.          

6 comentarios al respecto...:

Anónimo dijo...

Precisamente este domingo vi una peli que me había encantado en su día "Mujeres bajo la luna" (descatalogada, por cierto, y anda que no la busqué hasta en los sitios de segunda mano, ainsssss) y la protagonista perdía repentinamente a su marido, con el que había discutido la última vez que se habían visto... (por cierto, el Jon Bon Jovi para resucitar todo lo "muerto" de una, jajajaja). Una película preciosa que invita a reflexionar, como este texto. Y a lo que ibamos, el relato:

¡¡¡MARAVILLOSO!!... y que triste que él no siguiese vivo para "resucitar" ese amor.... pero la vida (o más bien la muerte) es así y tenemos que asumirlo y aceptarlo.

Yo siempre intento no enfadarme ni salirme de mis casillas porque ese día puede ser "el último día" para mi o para el contrario... y pensar en que esas van a ser las últimas palabras que crucemos me parece muy doloroso. Intento reconducirme, ser pacífica y abogar por el diálogo antes que por la disputa..... "Paz y amor". Por desgracia no siempre lo consigo (una tiene su mal carácter muy arraigado.. y encima la genética no me ayuda nadita, jaja, ya son muchos años "juntos" mi monstruo y yo) pero ya se sabe: "haz lo que yo digo y no lo que yo hago"... poco a poco lo voy logrando. La intención está ahí y cada día es más fuerte.

Este ha sido uno de mis relatos favoritos, sin duda, y como siempre me ha hecho pensar, recapacitar, soñar.....

Y suena esa canción:

"Otra la has vuelto a fastidiar
simpre tienes que quedarte atras
todavia te queda un buen trecho
y les tienes que alcanzar

Si ya no puede ir peor
haz un ultimo esfuerzo,
espera a que sople el viento a favor"

MIGUEL DÍAZ dijo...

"...Ya solo puede ir mejor..."

Ojalá esa frase de la canción fuera siempre cierta. Por desgracia, al igual que el final de este relato, la realidad supera a la ficción y comprobamos que no sólo va a peor, sino que la vida se escapa tratando de enderezarla.
Me alegro mucho de que te haya gustado. Me sorprende conocer la opinión de mis lectores, ya que a veces difiere bastante de la mía. Gracias de nuevo

Anónimo dijo...

¿Por qué va a peor?. Algo bueno le está esperando a la vuelta de la esquina... y ahora con un aprendizaje y una experiencia que, si quiere, le ayudarán a no cometer los mismos errores del pasado.

Está claro que todo depende del cristal con que se mire. El mío de hoy es color aguamarina por lo visto ;-)

MIGUEL DÍAZ dijo...

AGUAMARINA:
"Esta gema refuerza el campo magnético y atrae la buena suerte, aportando  bienestar y felicidad,  provoca la sonrisa a las personas que la llevan, y ayuda  al dialogo, se consigue  una gran claridad mental, abre los chakras del entrecejo, del plexo solar y del bazo, esta piedra es un símbolo de la felicidad, el amor, el romanticismo y la sensualidad es debido a su color que evoca a Afrodita, la diosa griega del amor, generada por la espuma del mar"

Enhorabuena por el color de tu cristal... Eso es optimismo y lo demás son tonterías...

LINO GARCIA GAMBINO dijo...

Este relato sólo demuestra una cosa, y es que en la mayoría de los casos las discusiones no conducen a nada... Uno no sabe que depara cada minuto de cada hora en nuestras vidas y lo realmente importante es disfrutarlos lo más intensamente posible, pero sabes lo que pasa y no se el porqué pero el ser humano tiende a complicarse la vida sin necesidad... Esta ya es complicada por si sola sin necesidad de que nosotros la compliquemos más. Y al final te acabas dando cuenta de que la cantidad de tiempo perdido en discusiones y desencuentros hace que descuides todo lo demás y tarde o temprano con mayores o menores consecuencias te acabas arrepintiendo.
Mi tema para este relato es: "Forgive me" de Thierry David.

MIGUEL DÍAZ dijo...

EL problema está en que no sabemos vivir sin discusiones, disputas y riñas. A veces por algo banal y otras por cosas mucho más graves, pero es difícil pasar semanas (o días, incluso) sin levantar la voz o "calentarse" por algo. La clave está en volver otra vez al estado basal en el que sueles estar, para recapacitar y ver el resultado con un poco de perspectiva. Como tú muy bien dices, tiempo perdido...
Gracias por el temazo; el relato gana mucho leído bajo sus notas

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