6 de marzo de 2013

A SU LADO


Había aprendido a manejar sus sueños para que apareciese en ellos cuando la echase de menos: tal era la habilidad que consiguió desarrollar a base de recordarla, de repasar mentalmente cada una de sus facciones, de mantenerla presente cada día de su vida. Tenía muchos motivos para no olvidar a la mujer que le había hecho feliz y conservaba grandes esperanzas de que siguiese formando parte de su futuro, porque no era capaz de imaginarse otro año sin ella a su lado. En cambio, la realidad se empeñaba en demostrarle que iba a ser muy complicado revivir aquellos momentos compartidos; una época imborrable que bullía incansable en su mente, a pesar del tiempo recorrido por el solitario camino de la nostalgia.

Los meses en soledad pasaban lentos y ella se mantenía siempre presente en sus pensamientos: cuando se levantaba, en el coche al escuchar esa canción tan especial, al revisar el menú del restaurante, cuando veía una película o leía un libro… Había tantos momentos que reactivaban sus recuerdos, que no acertaba a diferenciar lo real de lo ficticio. Ya iba siendo hora de asumir la realidad y poner los pies en el suelo; era el momento de afrontar que ella no iba a volver. Mientras se vestía, vino a su mente la imagen de su rostro, sonriente y lleno de vida: un compendio de expresiones que conformaban una imagen alegre, aderezada por su tierna manera de acariciarse el pelo cuando se concentraba en algo interesante. Podía completar una colección de sonrisas en una sola tarde, con la seguridad de compartir con todo aquel que participase en su conversación la pasión y el interés que demostraba por el tema más inverosímil. Sin darse cuenta, estaba de nuevo colgado de su añoranza…

Salió del garaje y mientras conducía calle abajo contempló la cafetería en donde su primer beso dejó una cicatriz imposible de reparar. En aquella mesa, ante un par de cafés y una hora de conversación, se asomó a su mirada y comprobó que compartían los mismos sueños. Esa misma noche descorcharon el deseo y se bebieron mutuamente entre caricias y gemidos. A partir de ese día fue prisionero de su cariño, mientras trataba de alcanzar las estrellas desvelado por sus besos. Ahora parecía encontrarse a años luz de ese universo de afecto y pasión, navegando sin rumbo camino a un lugar desconocido.

Tras un breve paseo enzarzado con el silencio llegó frente a la lápida que arrojaba las dos fechas obligatorias en la vida de cualquier ser humano. Hubiera cambiado sin dudarlo su nombre por el que estaba esculpido en aquella piedra, fría y oscura. Hubiera padecido mil veces más dolor que el que ella sufrió durante su mortal enfermedad. Se hubiera arrancado la piel a tiras si con ello pudiera conseguir que estuviera de nuevo allí, regalándole un abrazo… Pero nada de eso iba a cambiar esa realidad que gritaba sigilosa, vomitando el hecho de que ella se había ido para siempre.

Con las manos temblorosas depositó un pequeño ramo de flores, acompañado por un beso, que contenía en su interior todo el amor que había acumulado durante ese año en el que los ojos se le habían llenado de lágrimas; unas lágrimas llenas a su vez de rabia e impregnadas de un sabor a pérdida y a fracaso. Un sentimiento dañino e invencible, desde el que el otoño se había llevado su sonrisa, transformando su vida en un invierno permanente y desolador.  

4 comentarios al respecto...:

LINO GARCIA GAMBINO dijo...

Alguien dijo una vez:

"La muerte nunca es asumida. Viene".
"El que vive de recuerdos arrastra una muerte interminable".


Y a nuestro protagonista es lo que le sucede.

No es capaz de asumir su pérdida ("ella se ha ido para siempre") y se aferra a sus recuerdos con la intención de que todo maravilloso que había entre ellos no desparezca.

Por eso mi canción para este relato tan triste es: "They Die" de ANATHEMA.

http://www.youtube.com/watch?v=_XXeqDglUDM


"Es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella,
que soportar su pensamiento sin morir"...

Blaise Pacal.

MIGUEL DÍAZ dijo...

La vida es demasiado corta como para no pasar página y seguir adelante con la cabeza bien alta, pero qué difícil resulta afrontar una pérdida de este calibre (afortunadamente no lo digo por experiencia propia...)

Gracias por aportar esas frases tan acertadas y el tema musical. Un gran complemento para este relato tan triste...

Un abrazo!

María Ra dijo...

Cuando se ha tenido un gran amor y una satisfactoria vida en pareja, deberíamos seguir adelante satisfechos por lo vivido y también deberíamos intentar lograrlo de nuevo, ¿por qué no?. Cierto que ese período de duelo en el que tenemos que asumir y sufrir la pérdida es duro y a veces largo pero siempre vuelve a salir el sol si uno quiere y hay mil cosas por las que seguir viviendo y sonriendo... y otro gran amor podría ser una buena meta….nuevos sitios para tomar café, nuevos sitios para besarse, nuevos abrazos, nuevas conversaciones, nuevas canciones, nuevas sonrisas….


“There were nights when the wind was so cold
That my body froze in bed
If I just listened to it
Right outside the window

There were days when the sun was so cruel
That all the tears turned to dust
And I just knew my eyes were
Drying up forever”

Cuesta cerrar un capítulo pero es ley de vida... La Vida son Etapas.

Un besoooooooooooo

María Ra

MIGUEL DÍAZ dijo...

Efectivamente, cuesta cerrar esos capítulos que tanto nos han marcado y en los que tantas experiencias se han disfrutado, pero nada dura eternamente... Es obvio que necesitamos un periodo de "duelo" en el que se pasa por las típicas fases, hasta que uno asume la pérdida. El problema surge cuando entras en una espiral negativa de la que es complicado salir...

Gracias por el comentario y por las frases de esa canción maravillosa de Cèline Dion que nos enseña que, a pesar de todo, al final puede que las cosas vuelvan a salir bien.

"...But when you touch me like this
And you hold me like that
I just have to admit
That it's all coming back to me"

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