15 de noviembre de 2012

LO IMPOSIBLE



Uno nunca sabe qué es lo que le deparará el futuro… La vida da muchas vueltas y, si eres afortunado merecedor de un buen puñado de años para vivirla, es probable que algún día te levantes y compruebes que donde hoy pone blanco, mañana ponga negro y donde hoy hay calma, mañana haya tempestad. Bastan unas pocas semanas, incluso días, para transformar lo que parecía inamovible en algo completamente circunstancial y que la línea que marca nuestro trayecto vital se curve, eligiendo un recorrido diferente al pautado en un principio. Por eso es tan importante aferrarse a lo que de verdad importa y disfrutar tu existencia como si fuera la última vez que vamos a estar aquí, en este mundo que nos quiere o nos odia según cómo amanezca.
Cuando uno conoce las aterradoras historias que salpican de horror y tragedia nuestro planeta, bien sea por los medios de comunicación, el cine, la literatura o a través de testigos directos, lo primero que se le suele pasar por la cabeza es un pensamiento de “menos mal que no me ha sucedido a mi…” acompañado de un suspiro de alivio. Pocas veces reflexionamos al respecto tratando de comprender que algunos problemas se ubican mucho más cerca de lo que quisiéramos creer. Que cualquier día podemos ser nosotros los protagonistas de ese suceso que ha hecho florecer un escalofrío de angustia en nuestra espalda; que deberíamos reflejarnos en ese deformante espejo de feria que son las desgracias ajenas para no olvidar que la mala suerte acecha al doblar cualquier esquina…
Lo cierto es que no hay por qué tener una actitud pesimista ante la vida y esperar resignados a que los problemas que nos amenazan caigan de lleno sobre nosotros, pero no está de más recordar que la montaña rusa de nuestra existencia nos puede llevar a caer en picado cuando, segundos antes, estábamos en la cúspide.
Por todo esto me ha causado tanta impresión la película que vi la semana pasada, titulada “Lo imposible” Basada en la historia real de una familia compuesta por 5 miembros (los padres y sus 3 hijos varones, todos menores de 10 años) que sufrió la devastación del tsunami ocurrido en el sudeste asiático el día 26 de Diciembre de 2004, nos narra con gran veracidad el periplo de un padre y una madre que, desolados tras la catástrofe natural que arrasó esos lugares, buscan desesperados (cada uno por su lado) a sus hijos en un intento por averiguar si todavía siguen vivos.
Aunque ahora la historia es de sobra conocida, pues esta película de J. A. Bayona (director también de “El orfanato”) se ha convertido ya en la más taquillera del cine español, no voy a destripar el final para tranquilidad de los que todavía no la hayan visto. Pero termina la proyección, sales del cine y sigues dándole vueltas a lo sucedido, sin poder olvidarte de cómo te puede cambiar la vida en cuestión de segundos. Y te pones en el lugar de esos padres, con los que empatizas al máximo al ser tú también progenitor de dos hijos de edades similares, mientras te planteas qué harías si te encontrases envuelto en un caos acuático de tal calibre, con la incertidumbre y la pena de asimilar que, a lo mejor, no volverás a ver nunca más a tus retoños. Y te emocionas, pensando que harías “lo imposible” para encontrarlos, incluso a riesgo de perder tu vida en el intento si con eso consiguieses verlos a salvo un minuto más. Hay una frase de Pablo Picasso al respecto que viene muy bien para el tema del que hablamos: “Yo hago lo imposible, porque lo posible lo hace cualquiera…”
Todo esto, claro está, refugiado tras la seguridad que te proporciona la butaca del cine al que has acudido. Pero pensemos por un momento: un incendio, un accidente de tráfico, una enfermedad importante… Sucesos inesperados que podrían teñir de negro nuestro camino en un instante. Va siendo hora de que vivamos aprovechando cada minuto, disfrutando de las cosas que de verdad importan, priorizando objetivos y ganando pequeñas batallas. Esta frase resume muy bien esa filosofía: “La vida es corta: rompe reglas, perdona rápido, besa despacio, ama de verdad, ríe fuerte y nunca te arrepientas de algo que te hizo sonreír”

5 comentarios al respecto...:

Kike Vela dijo...

Todo lo que comentas en esta entrada lo vemos a diario en nuestro trabajo (los médicos) y es así de cierto. Pero también algunos buenos eventos y buenas noticias tienen ese componente de inesperado e inmediato. Nos puede tocar la lotería o una herencia de la noche a la mañana, podemos enamorarnos tras un cruce de miradas, nos pueden ofrecer trabajo tras muchos meses de búsqueda y entrega de curricullums... La vida en general tiene ese componente de improvisación, de sorpresa. Unas veces la sorpresa nos hace sonreir y otras veces llorar. Así que tanto para lo bueno como para lo malo hay que intentar vivir intensamente, con optimismo y agradecimiento.

MIGUEL DÍAZ dijo...

Gracias por aportar esa visión tan optimista a esta entrada, Kike. La verdad es que es justo lo que le faltaba porque debo reconocer que el día que la escribí no me encontraba del mejor humor del mundo, para ser sincero. Yo también suelo tener una actitud positiva ante la vida, pero en esta profesión sabes perfectamente que hay días en los que llevar esto a cabo resulta complicado... Y ese fue uno de los que viví cuando se me ocurrió este post.
Un saludo afectuoso y gracias de nuevo por tu comentario!

LINO GARCIA GAMBINO dijo...

A la frase que tu apuntas en este post, le añadiría otra que dice: "La gente más feliz, no es la que tiene lo mejor de todo, sino la que hace lo mejor con lo que tiene".

Aunque seamos tan afortunados en "tener lo mejor de todo", dígase: amor,una buena familia, un buen trabajo, etc, nunca deberíamos olvidarnos de que eso pude cambiar en cualquier momento. Salvaguardemos todas esas cosas que nos hacen felices y tratemoslas con mimo y así, "estaremos haciendo lo mejor con lo que tenemos".

Hace algunos días, estaba yo jugando con mi hijo a los "clicks" y de repente, coge mi cara entre sus manos y me dice: Papa, te quiero más que todas las galaxias de la tierra... Y eso es mucho...Eh!...

¿Se puede perdir más?

BESOS.

María Ra dijo...

Tengo muchísimas ganas de ver esta película y ahora que he leído este post casi que me muero por verla. Me han encantado todas las frases y todo el lado positivo que habéis plasmado en vuestras palabras.

"Faith: you know you're gonna live through the rain
Lord you gotta keep the faith
Faith: don't you let your love turn to hate
Right now we gotta keep the faith
Keep the faith, keep the faith"


Cierto, en un segundo tu vida puede dar un giro radical, que se lo digan a esta chica:

http://es.noticias.yahoo.com/blogs/gaceta-trotamundos/c%C3%B3mo-una-chica-19-a%C3%B1os-recaud%C3%B3-56-000-165049048.html

Disfrutemos de lo que tenemos. La vida son tres días... y como dice la abuela de una amiga mía, "y dos ya salen nublados" (o algo así era la frase).

Besooooooooo

MIGUEL DÍAZ dijo...

Lino, después de esa frase ya no se puede pedir nada más. Es en esos momentos cuando un hijo te devuelve mucho más de lo que tú le das, cuando entiendes por qué ya no puedes ver la vida si no es a través de sus ojos... Y con un hijo así, seguro que eres muy feliz haciendo lo mejor con lo que tienes, como dices en la frase

María, escribí esta entrada con la finalidad de recordar y tener presente eso que tú mencionas en tu comentario: "disfrutemos lo que tenemos" Nunca sabes cuándo te lo van a arrebatar (y si no, que se lo pregunten a la chica del enlace que nos has facilitado...)

Gracias por vuestras aportaciones.
Un abrazo!

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