17 de septiembre de 2012

SÍ, QUIERO



“Acabo de caer en la cuenta de que mi portátil se ha quedado sin batería; tenía la intención de mandarte un mail para matar el tiempo que voy a pasar aquí, pero ante la imposibilidad tecnológica (mi teléfono también “ha muerto” hace media hora…) he optado por anotar en un papel mis aventuras; el escrito llegará hoy a casa conmigo, pero me hace gracia pensar que nos reiremos leyéndolo juntos esta noche. Además, hay cosas que se afrontan mejor con el apoyo de un guión preparado…
Llevo varias semanas jugueteando con la mala suerte en medio de una espiral de pesimismo, por eso no me ha extrañado lo último que me acaba de ocurrir. El día ha comenzado hoy un poco peor que de costumbre: me he equivocado al revisar el billete y he llegado al aeropuerto tres horas antes de lo necesario. De todos modos, no me he librado de la espera frente al mostrador de check in, tras ser víctima de un interrogatorio bastante molesto por parte del “amable” personal de tierra de la compañía aérea. Y todo porque consideraban que había llegado demasiado temprano para la hora a la que salía mi vuelo... La primera, en la frente. Después, algún broche del pantalón me ha jugado una mala pasada bajo el arco detector de metales; me he sentido como un personaje de esas películas carcelarias, que debe ser cacheado repetidas veces antes de entrar en su celda. Todo para llegar de nuevo a esta zona de embarque que ya casi conozco como el salón de mi casa; otra vez aquí, intentando encajar mi anatomía en esta especie de “pseudoasientos” que chorrean incomodidad por cada centímetro cuadrado y con un par de horas por delante por rellenar, con el aburrimiento como compañero de butaca.
Hace un momento he vuelto a oír de nuevo el mensaje que con voz impersonal se transmitía por la megafonía, pero ya tengo el lóbulo temporal saturado por las mismas palabras, que resuenan incansables una y otra vez. Por eso mi cerebro ha decidido ignorar de manera inconsciente esas frasecitas, a riesgo de que pueda perder mi vuelo de regreso. En estos dos últimos meses he pasado demasiado tiempo volando, con lo que eso implica en número de horas perdidas esperando con una paciencia desesperada en controles aeroportuarios, salas de embarque y restaurantes de comida rápida con barra de self service, en las que todo huele igual sin discernir muy bien a qué sabe cada cosa.
Le doy mil vueltas y siempre llego a la misma conclusión: no tenía que haber aceptado este trabajo, que nos ha alejado dos mil kilómetros en lo físico y cien mil en lo demás. La crisis, la inexperiencia y un poco de ambición me empujaron a dar el sí definitivo a un proyecto en el que todo parecía ser ventajoso; ahora descubro que los inconvenientes han ganado por goleada… Y no tengo reparos en reconocer que no he estado a la altura de lo exigido: me faltabas tú, con tu fuerza y tu optimismo, para proporcionarme ese empujón que tanto eché de menos en aquellas jornadas lidiando con ejecutivos iracundos, soportando indigestas comidas de trabajo y padeciendo reuniones interminables. A veces me habría gustado llevar dentro del maletín algunos recuerdos impresos, para encontrar en esos papeles un poco de calor que conservara tu cariño; un cariño parco en palabras, pero prolijo en gestos y acciones, que siempre me han asegurado que seguías siendo la elección acertada.
En estos casi sesenta días de soledad he tenido tiempo suficiente para analizar nuestra incipiente relación, de la que en breve se va a celebrar el primer aniversario. Me he dormido muchas noches pensando tus besos y acariciando tu sonrisa. La distancia se tolera un poco mejor si te apoyas en un chat y te ayuda este mundo global en el que nos ha tocado viajar, pero una cámara web no era suficiente para sentir tu olor, para saborear tus labios… tan cerca de mí como yo hubiese querido. No es de extrañar que los días pasasen cada vez más lentos y necesitase dormir a tu lado al caer la noche, a pesar de que te contaba que todo iba bien para no preocuparte. Ahora me separan unas horas de tu abrazo y te aseguro que no soy capaz de encontrar las palabras para definir con claridad lo que te necesito y cuánto te he echado de menos.
Uy, creo que ya ha comenzado el embarque para mi vuelo; hay una cola ante la puerta D32 que me hace sospechar que debo apresurarme o me dejarán en tierra sin derecho a reclamación… Me queda un minuto para escribir lo más importante que tenía que decirte con estas líneas: la única ventaja que he obtenido de este empleo es que me ha hecho ver con claridad que quiero pasar el resto de mi vida junto a tí ¡¡¡Por eso te pido QUE TE CASES CONMIGO!!! Así, con exclamación y en mayúsculas. La respuesta no tiene que ser al levantar la cabeza de este papel; pero recuerda que ahora estoy a tu lado mientras lees este mensaje y mi corazón puede explotar de impaciencia si no dices algo, lo que sea, en este momento. Me vale incluso una referencia meteorológica, pero di algo, por favor...
Bueno, anuncian ya la última llamada… ¡Me tengo que ir a toda prisa! Nos vemos pronto, mi amor”    

Era una mujer madura, con una belleza que no había sido dañada por el paso de los años. Se encontraba bastante cansada después de un vuelo transoceánico que precisaba de una escala en aquel aeropuerto. Tenía por delante varias horas de descanso en la terminal y decidió relajarse un rato contemplando el ir y venir de los apresurados pasajeros. Se sentó en un lugar incómodo, como todos en aquella zona y su mirada reparó en una hoja de papel que acechaba inmóvil bajo el asiento de al lado. Tras rescatarla del suelo con curiosidad, la leyó y su contenido le pareció una petición de matrimonio sincera y cariñosa, con el amor infiltrado entre cada una de las palabras. Y mientras su mente viajaba en el tiempo, años atrás, deseando haber tenido la suerte de ser la destinataria de esa misiva, cayó en la cuenta de que no podía discernir si esos párrafos habían sido escritos para un hombre o para una mujer. Sorprendida, releyó de nuevo su contenido y con cierto punto de orgullo y nostalgia quiso imaginar, esta vez sí, que aquellas frases habrían salido de la mano de un hombre y estaban dirigidas a alguien como ella. O quizás no era así...   

5 comentarios al respecto...:

Anónimo dijo...

Me viene a la mente esa de Bruno Mars, descubierta gracias a "Glee" (¡¡gran recomendación!!)

"It's a beautiful night
We're looking for something dumb to do
Hey baby
I think I wanna marry you

Is it the look in your eyes
Or is it this dancing juice?
Who cares, baby
I think I wanna marry you

Well, I know this little chapel
On the boulevard we can go
No one will know
Oh, come on girl"

En fin, animaos a casaros, o a lo grande o a lo pequeños. No es tan malo como dicen, jaja

Besooooooooooo

MIGUEL DÍAZ dijo...

Gracias por aportar frescura y alegría a este relato. La verdad es que a mí esa canción siempre me ha dado muy "buen rollo" y a lo mejor el/la protagonista de este texto no se merecía un final tan desafortunado. En cualquier caso, no sabemos cómo acabó la historia cuando se encontraron en casa. Que cada uno le ponga el epílogo que más le guste...
Un saludo y gracias de nuevo!

LINO GARCIA GAMBINO dijo...

No se si añadirle tema musical a este relato porque est@ anonimo ya se la ha añadido... Mecachissss.
A mi tambien me gusta...

Soy de los que piensa que el ser humano es totalmente inconformista y me refiero al hecho de que aunque la decisión que se toma sea la acertada los "inconvenientes ganan por goleada" y cuando el amor esta por en medio más aún (el amor como la banca de los casinos, siempre gana). Lo bueno de todo esto es que al protagonista le ha servido para decidir "con claridad" que quiere estar con ella el resto de su vida.
En la vida, la realización personal es importante pero aún más lo es (al menos para mi)el no estar solo.

MIGUEL DÍAZ dijo...

Me ha gustado muchísimo tu frase de que el amor siempre gana. Deberíamos hacer saltar la banca en el casino del amor para conseguir un buen depósito del que ir tirando a lo largo de nuestras vidas. Desgraciadamente, tiene razón un proverbio italiano que dice "el amor hace pasar el tiempo; el tiempo hace pasar el amor"
Gracias por tus aportaciones a este blog. Creo que cada día lo hacemos mejor entre todos...

LINO GARCIA GAMBINO dijo...

Aunque en mi comentario anterior dije que no sabía si añadirle tema musical a este relato... No he podido resistirme.

Mi canción es : "Paperman" de Christophe Beck y pertenece a la B.S.O del corto de Disney que tiene el mismo nombre.

www.youtube.com/watch?v=lL-7Xo5QPeY


Un saludo.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...