26 de diciembre de 2011

ANTI-CARIÑO

No recuerdo muy bien la fecha, aunque sí tengo claro que sucedió en primavera, cerca incluso del comienzo del verano. El sol ya calentaba con fuerza y los días eran cada vez más largos. Volvía de la playa, cansada pero relajada tras mi paseo por la orilla acompañada por el murmullo de las olas, cuando recibí el aviso de un mensaje de voz en mi teléfono. Escucharlo mientras conducía en plena autopista no me pareció buena idea, así que decidí esperar a llegar a casa para averiguar tanto su contenido como la procedencia del mismo. A partir de ahí comenzó una nueva etapa en mi vida...
Llamabas desde un teléfono público, con lo cual al principio no pude identificar el número remitente como el de alguien conocido. Pero tras las primeras palabras del mensaje pude reconocer tu voz, seria pero inconfundible, con ese acento tan peculiar que no habías perdido con los años. Sonabas seco y cortante, desposeído de ese hilo musical en forma de sonrisa con el que casi siempre amenizabas tus conversaciones. Y no recuerdo tu discurso, sobre todo porque la mayoría de las frases fueron de relleno hasta llegar a la única que hizo brotar  lágrimas que esculpieron, como ríos de lava, surcos de fuego en mis mejillas y en mi corazón. "Creo que ya no te quiero" dijiste, mientras tu voz se confundía con la sirena de una ambulancia que pasaba por mi calle en ese momento. Noté que mis piernas flaqueaban temblorosas y un pinchazo en el estómago hizo que, instintivamente, buscara apoyo en un sofá cercano "¿Cómo me puedes decir eso después de tantos años? Si hasta se quiere a un perro una vez que le coges cariño..." acerté a decirte mientras mi balbuceo se humedecía con el sabor de mi llanto. Tan solo obtuve como respuesta un "cuídate; te voy a echar de menos" que descendió por mi garganta arrasando cualquier posibilidad de réplica.
Lo reconozco; he tardado mucho en recuperarme y recomponer las piezas rotas de un corazón al que el martillo de ese mensaje destrozó en pedazos. Pero aquí estoy, dispuesta a entregárselo de nuevo a alguien con quien merezca de verdad la pena volver a vivir y sentir. Alguien que me demuestre que la palabra "adiós" no se encuentra en su vocabulario. Alguien que no tenga nunca que llamarme para, de un modo cobarde y miserable, declararme su anti-cariño y desaparecer de mi vida tras devastar mi amor y dejar desolada mi autoestima. Y ese alguien, que existe desde hace unos meses, está haciendo que me sienta la mujer más feliz y más orgullosa que he conocido... Algo que tú, durante los siete años que malgastamos juntos, no fuiste capaz de regalarme.
Ahora sí; por fin siento el amor y el cariño que tanto había necesitado.

Fin del mensaje

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