12 de diciembre de 2012

OLVIDO


Demasiado tarde; creo que no podré aguantar mucho más así… Demasiadas noches sintiéndote muy lejos en esa cama que se ha partido por la mitad, dejando entrever el precipicio de tristeza que nos separa. Demasiada distancia como para apreciar el cálido roce de una caricia. Se me ha olvidado quererte y a ti se te ha olvidado que sigo aquí, a tu lado, tratando de reparar una herida que sangra y duele más cada día. Yo al menos lo he intentado, pero tú rechazas cualquier muestra de cariño que asome temblorosa de mis labios o de mis manos. Donde antes se leía “pasión” ahora existe un cartel polvoriento que reza “pasivo” y la sorpresa ha sucumbido a tantos días de aburrimiento, dejando paso a una rutina que domina ese mundo sin sentimientos que tan solo tú comprendes. Un mundo muy diferente al que compartíamos no hace tanto tiempo, cuando la felicidad era moneda de cambio habitual en nuestra economía.
No hay tregua. Los días se clavan en mi desazón y el deseo ha decidido viajar muy lejos, hastiado de tus olvidos y consumido por tu irritante apatía. A fuerza de compartir silencios me he convertido en tu animal de compañía: dócil, fiel y servicial, pero incapaz de expresar con palabras que ya no soy yo. Que has conseguido que mire tu rostro y encuentre indiferencia. Que mi sonrisa se ha apagado asustada por tu indolencia. Que me he transformado justo en lo contrario de lo que siempre he querido ser: un despojo de mí misma, un residuo de una relación, un error de diseño en los planos de nuestro futuro…
Podría escribir un libro reflejando todo lo que has abandonado por el camino en estos meses; los “te quiero” están sepultados bajo toneladas de dejadez; nuestras miradas se han perdido, difuminadas en medio de una incomodidad difícil de disimular; la sonrisa es una excepción, que vendes cada vez más cara, a la norma de tu melancolía; mis labios claman a gritos la necesidad de un beso y mi cuerpo sigue buscando cobijo en la guarida de tus abrazos, pero la única respuesta que recibo es tu indiferencia, fría e inerte como un iceberg. Ya no queda ni la más remota señal de aquel romanticismo que conquistó mi corazón; ahora, por el contrario, vagas sin rumbo tratando de evitarme; tratando de negar a quien hasta ayer te quiso de un modo incondicional. No sé cuánto tiempo más podré aguantar a la intemperie, sin el calor de una pasión que apenas recuerdo.
Y a pesar de todo, todavía queda algo en mi interior que sigue creyendo que estás ahí, que tu corazón se ha escondido en el doble fondo de tus temores, agazapado entre engaños y perdido en un laberinto de mentiras del que es complicado escapar. Déjame intentarlo, permíteme extraer todo ese rencor, combatiendo el miedo con oleadas de comprensión y afecto. Intentemos volver al punto de partida, o al menos a un lugar cercano al mismo, resguardados del frío que ahora asuela nuestra existencia. Me temo que es la última oportunidad; siento que mi amor se oscurece de manera paulatina, abandonado a su suerte por alguien que no ha querido seguir peleando por él; abandonado en un lugar inhóspito al que no llegan los ecos de un cariño oxidado. Demasiado lejos, demasiado olvido… 

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