16 de marzo de 2011

HASTA HOY

“Te llamo desde la estación de tren. Tengo un poco de prisa y no sé cuánto tiempo podré hablar con estas monedas que me quedaban en el bolsillo, pero como no estás en casa, no voy a tener otra oportunidad para decirte esto...”
La voz sonaba metálica y distante saliendo del contestador automático del apartamento que Carlos y María llevaban compartiendo desde hacía un par de años. Esa tarde, al volver de su trabajo en la asesoría fiscal, encontró la casa desordenada y oscura, con esa sensación de premura que proporcionan las horas previas al inicio de un largo viaje, cuando la maleta aún está por llenar y siempre tienes la sensación de que te olvidas algo. Extrañado por la ausencia de su compañera de piso, encendió un cigarrillo y advirtió la parpadeante lucecita roja que avisaba de la presencia de mensajes en el buzón telefónico. Se sentó en el sillón y descolgó el auricular.
“...Me resulta un poco difícil comenzar a hablarte desde esta cabina, pero llevo un par de días pensando en lo que te iba a decir y no voy a echarme atrás ahora. Hubo alguien que dijo un día que, al final, la vida y el paso del tiempo pone a cada uno en su sitio, en el lugar en el que finalmente debería estar, rodeado de las personas y las circunstancias que se merece. Pienso que tenía razón, porque siento que, aunque no sea exactamente el final tu vida, ésta te ha puesto en el sitio que te mereces. O eso creo. Trato de ser objetiva, pero no puedes pedir imparcialidad cuando se trata de tu propia existencia; sería como intentar matarse uno mismo aguantando la respiración. Imposible. De todos modos, no hace falta ser muy listo para descubrir que desde hace algún tiempo, tú y yo ya no estamos hechos el uno para el otro. Es verdad, tuvimos una época en la que sabías que cada día que faltabas en mi vida, la tristeza y el aburrimiento me iban ganando terreno; que eras consciente de que se me hacía difícil respirar el aire que no contenía tu olor; que las noches sin un beso de tus labios eran lo más parecido a un desierto en el medio de la nada; que podría estar contemplándote el tiempo que fuera necesario, solo para convencerme de que ése no era el mejor de mis sueños. Pero también aparecieron noches en las que soñaba que estabas abrazado a mi y yo a ti, compartiendo un mismo cuerpo y una misma mente... y de nuevo te esperaba en vano, suplicando que volvieses pronto a mi lado y me asegurases que no volvería a suceder. Por eso, hoy quiero que sepas que nunca he querido a nadie como a ti, pero sí espero superar esa barrera con el tiempo, porque me he enamorado de otra persona que tiene la fuerza suficiente para obligarme a seguir perteneciendo a este mundo que domina, sabiendo que para él soy algo más que un cero a la izquierda y que cada día del resto de mi vida estará dispuesto a permitir que le ofrezca todo mi amor. Cuídate mucho.”
Dejó el teléfono descolgado nada más oír el pitido del final del mensaje. Sus ojos se quedaron adheridos a la fotografía que tantas y tantas veces había ignorado. Abrumado por la intensidad de la mirada de aquella belleza de ojos azules, apretó entre sus manos el paquete de tabaco que aún sostenía, bajó la cabeza y comenzó a llorar amargamente.

4 comentarios al respecto...:

Anónimo dijo...

¡¡¡Precioso!!!, ¡¡GENIAL!!.... me siento identificadísima con la protagonista, María (precisamente...), sólo que yo no tengo a otra persona "de reemplazo".... ni la quiero. Ya llegará a su debido momento. Nada como marcarse un duelo debidamente (con todas sus fases) y después encontrarse a uno mismo para ilusionarse de nuevo con lo que venga.

Y sí, ojalá que sea cierto que cada uno ocupe el lugar que se merece.

MIGUEL DÍAZ dijo...

Es un relato escrito hace bastante tiempo, pero a veces lees cosas de hace años y te preguntas si no estarán redactadas para algo que ha sucedido en la actualidad... Estoy de acuerdo en lo de ilusionarse de nuevo con lo que venga: "Ayer fuiste mi ilusión, hoy eres mi realidad, mañana serás mi futuro... Siempre serás mi esperanza" Completo tu última frase del comentario: el lugar que se merece... en el corazón de alguien.
Mi agradecimiento más sincero por tu comentario. El blog no es lo mismo sin ellos

LINO GARCIA GAMBINO dijo...

Para mi, lo más significativo de este relato, es que María ha sido capaz de darse cuenta de que a su lado "ya no pintaba nada". Que su relación con él es como esa canción de AMOR que no recibe ninguna reacción ni respuesta a sus notas.

Mi canción para este relato: "Unanswered Song" de Mark Pinkus.


Ella a sabido buscar su futuro y su felicidad...
Él, se queda en soledad y llorando amargamente...

Un saludo.

MIGUEL DÍAZ dijo...

Hay veces en la vida en las que acabas por caer en la cuenta de que hay personas que no son adecuadas para compartir tus días con ellas. La clave es el tiempo que se puede tardar en identificar este hecho; a veces ya es demasiado tarde para dar marcha atrás...

Gran canción, con un título muy apropiado para el relato.

Gracias de nuevo y un abrazo!

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