El summum de mi perplejidad surge cuando en un mismo día, por la conjunción de los planetas y un "efecto mariposa" que nace en algún lugar remoto de la Tierra y concatena casualidades hasta provocar mi paroxismo, varios números que representan para mí algún mensaje particular se manifiestan, de alguna manera, asociados por ese azar caprichoso y juguetón. Y este fin de semana ha sido así: fila 27 en el avión de ida y fila 27 en el avión de vuelta (y con las tarjetas de embarque obtenidas en días diferentes), 27 grados de temperatura que marcaba el termómetro al llegar a mi destino y la habitación 2704 en el hotel en el que estaba alojado ese fin de semana. Esto último es lo mejor, pues 2704 es también un número que se repite a diario en mi trabajo, por razones que no vienen a cuento.
He disfrutado con este cúmulo de casualidades, una "chiripa" que me ha mantenido entretenido, a la espera de vislumbrar cuál sería el siguiente dictado del destino. Por ahora se ha quedado ahí. Más cifras coincidentes hubieran sido demasiado difíciles de digerir para una persona que no cree en esas cosas, aunque alguna vez los duendecillos de la eventualidad hagan que dude y piense lo contrario...
He disfrutado con este cúmulo de casualidades, una "chiripa" que me ha mantenido entretenido, a la espera de vislumbrar cuál sería el siguiente dictado del destino. Por ahora se ha quedado ahí. Más cifras coincidentes hubieran sido demasiado difíciles de digerir para una persona que no cree en esas cosas, aunque alguna vez los duendecillos de la eventualidad hagan que dude y piense lo contrario...
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